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Cristino Bogano, Punk desperezamiento, 2005
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Dalia Rosetti critica de W. Cucurto y Durazno Reverdeciente
(fragmento del comienzo)
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Eloisa Cartonera en ARTE BA,
1º Premio Red de Artistas Arte BA, 2004
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Pulp Fiction,
en The Financial Times, por Richard Lapper, en Agosto 2004
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en Página 12 de Argentina, por Silvina Friera,
en Diciembre 2008
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La Nation, por Tomás Eloy Martinez, en Marzo
2009
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Cada libro cartonero es como un tesoro, en Perfil, por Magdalena
Ruiz Guiñazu, en Mayo 2009
Punk
desperezamiento
A CARRÁ Y AL SAMPI DE CANDY
por Cristino Bogano, en 2005 |
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Cristino Bogano,
el lumpen estrella de Asunción, en una noche de alcohol y
lecturas del magazine punk-trucho Asalto al Cielo, en un instante
de bondad sin límites nos regaló como exclusividad
su libro inédito Punk desperezamiento escrito en el año
1993. Próxima novedad de Eloisa Cartonera para el 2005. Además
Cristino acaba de publicar Dandy ante el Vértigo. Nació
en Lambaré, Paraguay. Y si nuestros lectores quieren encontrarlo
hay dos alternativas: ir una mañana a la Plaza Uruguaya,
en Asunción, y buscarlo entre los “terereros”
que se bajan litros y litros de agua con hierbas. O sino mandarle
un mail a xtinopy@yahoo.com
Ha llegado a la tarde, un viernes cotidiano, un otoño falso,
sin esperarlo nadie, sin imaginarlo nadie, con una bolsa voluminosa
repleta de no se sabe qué, un cuerpo joven inidentificable,
un cuerpo cargando una bolsa pesada, haciendo crujir con sus zapatos
el ripio vulnerable, cruzando el barrio, de murmullos, hasta la
casa del amigo, plantándose extranjero, palmeando zonzo,
esperando un saludo familiar, un código tribal hace mucho
olvidado, una risa, un grito, sorprendiendo con su cuerpo medio
inclinado por la bolsa, trastrocando la sintaxis de su emoción,
entorpeciendo la frase su asombro, perturbando eventualmente ya
las cervezas del padre, típico padre represor, padre ugly
and bad kid
Ha llegado en pleno viernes laboral, a la tarde, bastante limpio
con su camisa floreada y el vaquero no muy gastado, bastante decente
a pesar de la pesada y voluminosa bolsa, no muy alto y el pelo largo
y despeinado, cruzando el barrio con aire vencedor e ingenuo, mirando
con detenimiento y ternura, como si no estuviera yendo a ningún
lugar en particular, como si no se apurase, como si nadie lo molestara
con una espera ansiosa, como si sólo fuera ojo y mirada y
nadie fuera su fin ni tampoco su comienzo, como si ningún
universo pudiera entrar en un cataclismo por culpa de sus distracciones,
como si todo el tiempo que tardaba en cruzar el barrio no estuviera
mirando sino soñando, como si fuera un hombre recién
nacido y no un joven de más o menos veinte años, como
si pareciera sordo y mudo y ciego pero al mismo tiempo energético
decidido y vital, como si hubiera sido obnubilado por ese viernes
veraniego y luminoso, como si fuera un niño que nunca había
salido de casa, como si fuera un cuerpo sin alma, joven
Ha llegado solo, sin necesitar un guía o un conocedor de
la zona, tal vez con un croquis garabateado allá lejos venga
de donde venga, porque no ha hablado en ningún momento, no
ha preguntado nada a nadie, caminando marlonbrandescamente pero
sabiendo dónde iba, sabiendo el fin de esa trayectoria desganada
y lenta, sin cansarse de cambiar la bolsa pesada del hombro izquierdo
al hombro derecho y viceversa, totalmente tranquilo, demostrando
que no es de aquí, que no conoce a su población formada
de ladrones diurnos y nocturnos, sus negros constantes en el cuchillo
y la pistola, caminado por las calzadas del barrio como un galán
de telenovelas, sintiéndose el punto absoluto de la cámara,
galán con bolsa, el blanco de las ansiedades libidinosas
de todo un encuadre visual, caminando despreocupadamente, pensando
que la tarde es infinita, hecha para él y su secuencia de
joven desconocido llegando con voluminosa bolsa
Ha llegado con una bolsa pesada y voluminosa, cruzando el barrio,
en la tarde salpicada de jugadores de billar en los bares y chicas
en short en las calles afanándose en un partido de volleyboll,
enteramente silencioso, pero no triste, más bien insinuando
inmóvil, una sonrisa canónica y de bendición,
como si se estuviera diciendo que todo estaba bien, como lo había
previamente soñado allá de donde venía, tal
vez con algo de hambre y una leve rebelión estomacal, ruiditos
y gemidos descontentos de su interior, alguna contracción
del brazo que sostiene la pesada y voluminosa bolsa sobre el hombro,
sin saludar a nadie, sin preguntar por ningún nombre o una
dirección, desconocido por todos, sin sexo, por no mirar
a las mujeres ni a los hombres, “una bomba”, como murmuraría
seguramente, “es una bomba”, alguna ciega arrinconada,
ciega fumando tabaco en hojas al oír un corazón raspando
el silencio de la calle
Ha llegado en la tarde con una bolsa voluminosa y pesada, y sus
pasos ateológicos, es decir, caminando como sobre una tarde
infinita, como sobre una calzada eterna, más bien flotando
que caminando, flotando porque caminaba pero no progresaba, iba
a algún lado pero no se sentía que iba a ese algún
lado, es decir, eternizaba sus pasos, más todavía,
porque no decía nada como sólo no decía nada
un mudo o un extranjero, en todo caso un perfecto extraño,
un extraño con croquis, al fin, porque no preguntaba, no
rogaba, no se perdía, tal vez un ángel, tal vez un
ladrón o mejor un asesino prófugo, tal vez un santo
con una voluminosa y pesada bolsa sobre el hombro izquierdo, tal
vez el Anticristo y los males metidos en la bolsa pesada y voluminosa,
un anticristo bello y joven, soñador y dulce, andrógino
y mudo, hablando sólo la lengua de los pies, eterno idioma
del hombre-sacerdote, del hombre-brujo, de los profetas y de los
ermitaños, una caminata sin fin, ateológica, ateleológica,
en todo caso, o un disparo del acaso que hacía su curva fatal
sobre los ladrones y caería no se sabe dónde, tal
vez después de la eternidad, después del barrio
Ha llegado con su bolsa voluminosa y su caminata perezosa y ateológica
que ha destruido todas las otras caminatas, caminatas idealistas
conscientes y codiciosas aquéllas, ha hecho irrupción
sin matar a nadie pero sí a la manera de caminar de los ladrones,
de este barrio de ladrones: primero, un caminar extranjero, luego
un caminar perezoso, increíblemente perezoso, hijo de James
Dean o de Actor`s Studio, perezoso, increíblemente, porque
la bolsa pesada agobia, ya sea su hombro derecho o su hombro izquierdo,
y dobla, ya sea, su brazo derecho o su brazo izquierdo, alternativamente,
acalambrando, ya sea su mano derecha o su mano izquierda, alternativamente,
y hace arder, en toda la trayectoria interminable de cruzar el silencio
de las facas y las pistolas en los bolsillos, los dedos, alternativamente
derechos o izquierdos, luego otra vez el silencio, la des-urgencia
de la palabra que pide o pregunta, la des-emergencia del dedo que
apunta o ataja, luego des-ontoteología de un caminar reducido
a simple alternancia, del pie derecho y del pie izquierdo, un juego
dialéctico habitual del cuerpo, un ajedrez en juego sin los
jugadores, una ruptura sin fin del espacio, una lucha de persistencia
entre el pie izquierdo y el pie derecho, lo apolíneo y lo
dionisiaco trenzados, luz-oscuridad girando, un vértigo,
en fin, un vértigo repugnante para cualquiera con pistolas
y cuchillos
Ha llegado al barrio sin que nadie sepa su nombre, su edad, su origen
y profesión, si le gusta la música clásica
de la gran cultura o en cambio la música pop del consumismo
global y occidental, si Beethoven o Madonna, si le copa el jazz
aristocrático o el punk-rock subversivo y autodestructivo,
si Miles-Trane o Sex Pistols, si detesta los solos narcisistas,
ya sean de guitarras o de trompetas, si le pegaría una buena
dosis, sea para despertar o morir, de improvisación free
o noise politizado, si la anulación del beat en el jazz,
poco aristocráticamente, o la des-jerarquización de
los instrumentos en el rock-punk, destructiva y subversivamente,
si superación del idealismo en la creación musical
o simplemente cambio de piel, nacimiento de una sensualidad más
fuerte en el tiempo, en la historia del oído y del cuerpo,
de ese joven, sin saber en verdad si le gusta la música,
si no es sordo, y mudo y ciego y anticristo y ángel y bomba
y niño y desconocido de todos y sin sexo, sin saber si curte
penetrar o que le penetren, si se droga con las mujeres o los tipos,
si suda a causa de púberes o casadas, ni la manera de practicar
la cópula, kamasutra o perversión del puritanismo
victoriano, sexo oral o vaginal, fellatio o cunninlingus, vivir
o morir, to be or not to be, violación o burdel, casamiento
o clandestinidad callejera, ritual dionisiaco o ensoñación
manual, to be or not to be, morir o vivir, sin saber si sabe que
podemos habitar una masa de fuego que va de lo más improbable
a lo más probable o un universo claro y tomista, inmóvil
y ordenado, sin fantasmas de bizarros nombres como entropía
generalizada, si en la gran ruleta de la enciclopedia jerárquica,
la postura política, apostaría por Aristóteles
o Nietzsche, si se compraría, aun en forma de pastillas o
polvo o cigarrillo, cultura, el arte de cultivar, de MacLuhan o
la de los sacrificios y el potlach, la sensibilidad en el sistema
nervioso central, el cerebro, o la sensibilidad en la población
de los poros, la piel, sin intuir siquiera para peligro de los pobladores
del barrio, si es comunista o comunista-maoísta, o comunista-troskista,
o castrocomunista, si está a favor de la eliminación
de la Policía que “vela por el bien común”,
plusvalía cristianoburguesa, si es racista, conservador,
de derechas
Ha llegado con su voluminosa y pesada bolsa, como un beat jazzístico
de batería y bajo, bolsa, a partir de la cual empezar el
trip, la caminata larga e infinita, a través de pistolas
y facas y bandidos, obnubilado entre las escamas del lagarto, la
improvisación colectiva, las ramas y bifurcaciones que se
abren y despliegan, el caleidoscopio de los fatamorganas, los tejidos
de un swing psicotrópico, el machismo de las pisadas sobre
la calzada, el olvido del beat (no del Ser), de origen desconocido,
una trayectoria aleatoria, podríamos llamarlo Pollock, considerarlo
de New York (sin o con don torres) por ejemplo, o llamarlo Mingus
Mingus Mingus, el ñandé tan importante para el free-jazz
de los 60 y el Black Power, contra el racismo del comienzo-medio-fin,
contra el fascismo del idealismo en estética, en guerra constante
contra ese nuevo Ku-Klux-Klan, contra el carácter anal que
demuestra toda nuestra “tradición” oficial, orden,
claridad y sentido, el beat, ya sea con la batería, pesado
y voluminoso, o el bajo, también pesado y voluminoso, el
olvido del croquis, la imposibilidad de encontrar las cervezas,
el padre y el amigo, la paradoja de siempre, el presente de la realidad,
pesada y voluminosa, y el presente de la palabra que tantea a ciegas
esa bolsa y a Marlon Brandon y Pollock y Mingus, la nostalgia de
carne que tiene todo Verbo, como el ciego de Buñuel en Los
olvidados que cita Jorge Polaco en Siempre es difícil volver
a casa, una fuerza ciega tanteando en el vacío, tanteando
con violencia hacia dos cuerpos que copulan (Polaco), hacia la calle
copada por niños ladrones (Buñuel), hacia Marlon Brandon
que llega
Ha llegado, joven, raspando la espesura del instante, la calzada,
pesada y voluminosa, dripping de mirada, tacto, sonido y olor, la
palabra del escritor como la palabra de un viejo, la bolsa, una
road story, Win Wenders pero viejo, la palabra, último refugio
de todo impotente, voluminosa y pesada, imaginemos a Marlon en road
story de un viejo Win Wenders escritor, objeto y palabra, realidad
y símbolo, separados, disyuctos, sin conexión posible,
Brando mojándose bajo el poder de la realidad-lluvia, Win
Wenders que desesperado recurre a la palabra, mierda, mierda, escupe
Marlon Brando bajo la realidad-lluvia, pesada y voluminosa, mierda
mierda, Win Wenders y la lluvia, disyuctos, separados, la lluvia
mojando no más ni menos a “héroe que llega”,
inundando el mundo con más palabras, aunque sin lograr exorcizar,
mierda, la mierda lluvia, words, words, words, maldita costumbre,
la palabra mostrando su imposibilidad de influir en lo real (la
lluvia), la lluvia (lo real) incitando, produciendo más mierdas
(words, words, words), fantasías legibles, transportables,
comerciables, expo-palabras que incuban a su vez más shakespiriadas,
originando fuentes de trabajo, como diría un agraciado con
la fortuna de la plusvalía, formando un mundo paralelo al
real, como diría otro viejo, esta vez uno ciego y ultraconservador,
traspirando a otro joven Win Wenders, que escribirá “short
road stories” en vez de hacer la revolución, o violar
a alguna burguesita culona y culí, valga la paradoja, en
vez de arrojarse directamente en el terreno de la acción,
esa palabra que no habla ni se lee ni se escribe ni se traduce,
palabra que habita en el tiempo, es decir, entre la vida y la muerte,
en vez de abandonar a Marlon en su frenesí neobarroco, sin
beat, pero también sin política y sin sexo, neobarroco
cuyo sustrato es como sabemos el tedio, el horror vacui, pesado
y voluminoso, el mismo que mueve a algunos a cremar judíos,
a otros a romperles las costillas a los negros, a las mujeres a
entregarse con afán extático a la hermosa limpieza
de los judíos sábados, viernes con sol, bolsa, voluminosa,
road, pesada, story
Ha llegado con su bolsa pesada y voluminosa, es de tarde, una tarde
con sol, es decir, con mucha luz, de una manera total y nula al
mismo tiempo, pudiendo decirse que su llegada es perfectamente un
absoluto, el absoluto de la nada, sin necesidad de citar a Kundera
y elaborar por ejemplo la siguiente frase: que su llegada es el
juguete de la nada, o mejor, la nada, él y la nada, la nada
primero, luego él y la nada de nuevo, él metido entre
dos nadas, inexorablemente, coexistiendo con esas dos nadas que
en el fondo son una sola, pasando de metafísica dualista
a una metafísica monista, que él, con su llegada,
ha dividido en dos, su llegada como un presente incrustado ente
una nada-pasado y una nada-futuro, su/la llegada como un presente
perfecto y único, rodeado de un mar (de palabras) llamado
nada, ontología del presente, del instante como absoluto,
del dios encarnado en el ahora, él y su llegada con una voluminosa
y pesada bolsa, un viernes otoñal, pero con sol de verano,
y después, y antes también, nada más, es decir,
la nada, monismo nihilista, nihil mono, latinismo patafísico,
pata nada, nada físico, nada nada
A la tarde, mierda, un viernes, mierda, solo, mierda, cruzando el
barrio, mierda, caminando, mierda, Marlon Brando, mierda, izquierdo,
mierda, derecho, mierda, brazo, mierda, mano, mierda, dedos, mierda,
alternativamente, mierda, pie, mierda, dialéctica, mierda,
cuchillos, mierda, pistolas, mierda, ladrones, mierda, fuera del
beat, mierda, dentro de la road story, mierda, escamas, mierda,
trip, mierda, fatamorganas, mierda, Jazz, mierda, punk, mierda,
aristocrático, mierda, subversivo, mierda, trompeta, mierda,
guitarra, mierda, sax tenor, mierda, sin solos narcisistas y masturbatorios,
mierda, Davis-Col, mierda, Rotten-Vicious, mierda, to be or no to
be, mierda, vivir o morir, mierda, pastillas, polvo, cigarrillos,
mierda mierda mierda, MacLuhan-cerebro, Potlacht, mierda, realidad
carne Marlon Pollock Mingus Mingus Mingus, mierda mierda mierda,
y el Verbo ciego Buñuel Polaco después, mierda, metafísica
dualista, metafísica monista, mierda mierda, nada nada, palabra
impotente viejo mierda, mierda, lluvia, mierda, words, mierda, words,
mierda, words, mierda, Shakespeare, mierda, Win Wenders viejo, mierda,
Win Wenders joven, mierda, revolución, mierda, burguesita,
mierda, culí, mierda, culona, mierda, acción, mierda,
neobarroco, mierda, horror vacui, mierda, voluminoso, mierda, pesado,
mierda, ha llegado
Ultima advertencia del autor
Al empezar a escribir este texto, él, siempre, eternamente,
primero que la palabra, contradiciendo las consignas bíblico-platónico-idealistas,
ha llegado. Yo, texto-sombra, texto-plegaria, texto-nostalgia del
cuerpo, fantasma ambulando entre hojas blancas, presente perdido
y muerto, me reconozco mendigo, siervo,
cazador, enamorado, pequeño, después. |
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| Dalia
Rosetti critica de W. Cucurto y Durazno Reverdeciente
¿POR
QUÉ HAY QUE LEER A DALIA ROSETTI?
Por Washington Cucurto |
Una desopilante mirada sobre la escritura de una autora de culto,
Dalia Rosetti, un paseo pícaro y entretenido por cada uno de
los libros que la autora de Durazno Reverdeciente y Me encantaría
que gustes de mí, publicó en pequeñas editoriales
en los últimos años. Con alegría dilapidada y
con un sarcasmo sin precedentes nuestro “Cronista del Caribe”
se atreve a inventar teorías descabelladas en las cuales conviven
Aira, Arlt, Asís, Copi, urde fáciles tradiciones y tira
abajo cualquier tipo de desplazamiento temporal. ¡Hasta se atreve
a contar las historias de los libros cambiadas! Como nunca lo hizo
la crítica, por primera vez y en exclusiva para nuestro selecto
público cibernáuta, adelantamos unos párrafos.
Ah, un fragmento de su novela Durazno Reverdeciente. ¡Y corran
a comprar los folletines de la Rosetti!
Intensidad desviada
Dalía Rosetti es artista plástica, escritora, performance,
sensible galerista de la galería Belleza & Felicidad junto
a otra artista de mis preferidas Cecilia Pavón; y letrista
de letras de cumbia. Nació en Buenos Aires, en 1972, Dalia
Rosetti es muchas cosas a la vez, no obstante, me dedicaré
a comentar sólos sus escritos y no lo exhibido o interactuado.
Dalia Rosetti publicó casi todos sus libros en campanía
de Fernanda Laguna. No se puede hablar de una sin la otra. Aún
así, voy a hablar exclusivamente de Dalia. Al ser ambas la
misma persona, son por ende personas muy distintas....
Dalia publicó la mayoría de sus poemas, relatos y novelitas
en dos editoriales: Belleza & Felicidad y Eloísa Cartonera.
Su debut escritural en narrativa fue con Tatuada para siempre que,
junto a Sueños y Pesadillas I y II, publicados en dos tomitos,
son los relatos más interesantes que publicó un autor
joven en la década del 90’. Sin embargo no voy a respetar
un orden cronológico. O mejor dicho, sí, voy a respetar
el orden cronológico de este trabajo.
Me encantaría que gustes de mí: El poder de
la circunstancia
Toda la obra de Rossetti está escrita por el poder de la circunstancia.
La energía que mueve los relatos rossettianos, y especialmente
esta breve o “petit” nouvelle, titulada Me encantaría
que gustes de mí, es la espontaneidad de la circunstacia. Entiendo
que esto (el poder la circunstancia y la espontaneidad de la circunstancia)
es un hecho inédito en las letras argentinas, ahora pienso
en algunos pasajes de las novelas de Copi, o los cuentos de F. Hernández,
como únicos antecedentes fiables. Pero, antes de desplegar
un arsenal lingüístico fantasmagórico explicaré
rápidamente de qué hablo cuando hago mención
al poder de la circunstancia.
El poder circunstancial, en estos relatos, toma forma decisiva y es
el núcleo conductor de todo lo que se vaya a decir, hacer e
incluso delirar. La acción en concreto, parece que estuviera
pasando por primera vez en la vida, es una reinvención del
hecho inédito. Las aventuras de los personajes, y todos los
procedimientos y accidentes que pueden surgir de la escritura de una
novela (tiempo-peripecia-naturalidad) son sostenidos (naturalizados
para una mejor comprensión en el futuro) por una circunstancia
inexistente hasta que ocurre, por primera vez en la vida, ¡y
a través de la novela! ¿Una casualidad, o un hecho casi
sin importancia? Sí, a mirada sin interés, un hecho
sin importancia, cualquier pavada que uno pasaría por alto
dentro del hilo conductor de la novela, produce que ese mismo hilo
se desplace y sea esa pavada la que lleve el relato a buen puerto.
(Este procedimiento se puede ver muy bien en un cuento famoso de R.
Arenas titulado Con los ojos cerrados, cuando el protagonista, un
niño, cambia el futuro del cuento al cruzar un puente y le
sucede algo increíble desde cualquier punto de vista, pero
sucede, sucede en el cuento y se vuelve real, ¿la literatura
puede volverlo todo real?...)
Pero, ¿qué es lo sorprendente de este procedimiento
inconsciente que realiza la autora? ¿Qué tendría
de especial este suceso insignificante para el lector y para la historia
misma que se cuenta? ¡Que la historia va naciendo a cada renglón
de muchas maneras distintas! Los cuentos de Rosetti son infinitos,
no empiezan ni terminan, tienen vida propia mucho tiempo después
de haber leído la palabra continuará...
Eso sería la mera circunstancia que hace que los textos rosettianos
funcionen de maravillas. ¡Es maravilla, magia! Ni siquiera César
Aira, la circunstancia tiene una actuación determinante. ¡Y
claro que no! Aira es un escritor mental, programático, elaborador,
Rosetti no elabora, Rosetti es pura sangre caliente y calentura. En
ninguna de las novelas que Aira publicó hasta ahora, ni en
las más delirantes, se ve que la circunstancia vaya llevando
la acción, es la acción que va creando la circunstancia.
Nunca una historia podría estar regida por la suerte tuntunesca
de la circunstancia, del hecho fortuito de la cosa hecha sin pensar,
de la metida de pata o del error. Aira es un escritor racional, y
esto no lo digo por la elaboración que puede aplicar a sus
historias; ¡no ná que ver!, hay demasiada racionalidad
en sus momentos de despiste, de deslinde, de delirios. Aira elabora
y desarrolla, Rosetti, desenrolla.
Rosetti es delirante, fresca, avanza casi sin mirar atrás,
pero no por un concepto intelectual, como pensaría Virgilio
Piñera, sino por un atolondramiento que se vuelve extraña
prepotencia del hacer y del vivir con todo. Quizá la misma
prepotencia que se encuentra en nuestras obras maestras como las de
Roberto Arlt. Rosseti es bisnieta única, en esta manera de
novelar, en este delirar circunstancial, casi sin límites y
sin orillas, de Roberto Arlt. Pariente mucho más apasionante
de lo que pueden ser Leopoldo Marechal o Jorge Asís, para dar
un nombre y mostrar una ubicación, quienes se acercan más
por la temática (aguafuertes – rojo sainete- picaresca
porteña), y se alejan del espíritu maravillador de Arlt.
Sueños y pesadillas está mil veces más cerca
de la tradición artliana que el Adán Buenos Aires o
Los reventados o Don Abdel Salim, el Burlador de Domínico.
Pensemos e imaginemos.
Y digo esto (odiando toda comparación, pues tanto Marechal
como Asís, son escritores fundamentales en nuestra literatura)
porque tanto en Rosetti como en Arlt, lo más interesante no
es la porteñidad, la peripecia urbana, o la instrospección
nacionalista, o americanista de una gran urbe de mirada europea, no.
¡No!, sino la actuación con la circunstancia. En Arlt
al igual que en Rosetti se da lo mismo: el poder hacer de la circunstancia.
¡Arre, a imaginar! Esa es la función de la crítica,
¡imaginar y recrear!; pues que sería de un crítico
sin artilugios, tramas y trampas, no tendría nada que decir
ni demostrar! Inventemos un arbolito genealógico de Arlt en
adelante: Arlt-Copi-Aira-Rossetti. Los dos últimos son contemporáneos.
Muchas cosas que puso en práctica César Aira aparecen
en Dalia. ¡No veía la hora de llegar acá! Se forma
una pareja extraordinaria, la primera de la literatura argentina moderna.
Ambas obras funcionan como si fuesen una sola, se me hace imposible
pensar a Rosetti sin Aira , y sin embargo no es Aira el que le da
aire, sino exactamente al revés. Y esto es debido a que Rosetti,
casi inconscientemente llevó al límite el “artilugio
ariano de producir literatura”. Esta joven autora está
inventando toda una nueva tradición. La tradición del
escribir mal, de la inmediatez, de la rareza temática, “de
la liviandad con peso”, que tanto sostuvo Aira en sus textos.
Sabemos que Aira es un buen escritor, en cambio Rosetti es una genial
mala escritora. Todos sabemos que no hay tradición sin futuro,
qué es de la tradición sin un sucesor inmediato que
continúe con los elementos propios de esa tradición.
Aira y Rosetti, inventaron entre los dos una tradición posible,
alegre, entretenida. Es este el gran charco que separa la obra de
Aira de la Borges. Borges no pudo tener sucesores, se agotó
en sí mismo. En Borges, todo se termina, en Aira todo recomienza.
Aira es un escritor reverdeciente. La obra de Aira es inspiradora,
como pocas, invita a un atrevimiento (¡y cuánto atrevimiento
nos falta para mejorar muchas cosas en la vida!), invita al hacer
todo y como sea sin darle tanta importancia a los resultados. ¿Cada
día, cuando comemos pensamos en ser elegantes y educados o
simplemente comemos para calmar nuestro hambre, o placer? ¡No!
La cosa es comer rápido, llenarnos y hacer otra cosa, trabajar,
estudiar, o leer. Ese es el gesto de estos autores. Escribir y pasar
lo mas rápido a otra cosa, y ese debe ser a mi gusto el concepto
del arte. Hacer, crear, atreverse.
Rosetti viene a completar todo aquello que Aira no escribió
ni escribirá, primero por una concepción generacional
y segundo porque ya lo escribió Rosseti, pero ¡ojo!,
dijimos que Aira es un escritor reverdeciente, y ¿qué
pasaría si Aira tomara elementos de Rosseti, que pasaría
si la tradición se subiera a su sucesor, a su futuro? Y no
les quepa duda de que es muy posible en un escritor como Aira. A esto
quería llegar, ambos Rosseti-Aira, serían una misma
obra intensa, una obra escrita por dos personas, algo inédito
en el mundo. Es un mismo procedimiento, un mismo parentezco de interpretación
y generamiento de literatura. ¡Es un disparate, ya me fui para
el lado de las tarlipes! Pueden retrucarme pero antes experimenten
una lectura diferente: primero Rosetti y después Aira. ¿Qué
pasaría? Prueben, y verán cuánto más disfrutan
y entienden Aira, cuánto más disfrutan y entienden a
Rosseti... Son dos obras hermanadas por el arte del hacer sin importar
por qué, no podría disfrutarse una sin la otra, y esto
les da una libertad avasallante, es la expresión más
alta de nuestra cultura; que dos obras se fortifiquen y se potencien
una con otra y no se destruyan, es una felicidad. En ese sentido de
la hermandad son antiborgeanas por naturaleza.... Después de
este despiste retomo al poema-novelita de Dalia, Me encantaría
que gustes de mí...
Me encantaría... noveltia de 48 páginas narra las aventuras
de un grupo de chicas, Marie, Sol, Mariela, Marión, y otras
más por distintos lugares en épocas vacacionales, la
playa, el casino, los campos de veraneo etc... Comienza así,
“estoy en la playa...”. Pero para no irme para el lado
de las tarlipes metámonos directamente en Me gustaría
que gustes de mí, es la historia de una chica que se levanta
chicas en la playa de hecho, un antihéroe bisexual. Más
allá de todas sus peripecias sexuales que abundan en la novelita,
lo mejor son ciertos fragmentos que pasan desapercibidos pero van
llevando adelante el texto. Siempre me quedé pensando en ellos,
y me pregunto que hubiera pasado si Sole (la protagonista de la historia)
no hubiese conocido a esa camionera que la llevó a encontrar
su propio desarrollo en la historia. Cuando ese camión se detiene
en la ruta, lo escribe así “frena un super camión
de esos que llevan mil luces de colores y cuando se detienen hacen
ffffzzzzz”, y esta es una de las secuecias más interesantes
en la literatura nacional, es el paso adelante de la modernidad y
como en las lindas obras, se hace de manera natural, en un fffzzz,
pues acá comienza la vida, el personaje, que viene huyendo,
se encarama a su destino gracias a la casualidad, y en ese punto es
donde la novela construye su trama, su final y su episodeidad... Soledad
irá directo hacia un amor que espera páginas más
adelante de la mano de una cuidadora de caballos de nombre Rusa. Ya
en este tren, es el amor que va llevando la vida de Soledad y de novela,
el amor comienza a ser el motor de todo lo que suceda...
La naturaleza de este personaje es la insatisfacción y la tristeza,
pero cuando se escapa por la ventana del baño, o monta un caballo,
o juega en el casino, o hace el amor con otra chica, esos momentos
están llenos de belleza, de esperanza, de amor, en una novela.
¿Qué hubiera pasado si Sole, la adolescente protagonista,
no hubiese podido escapar del baño, salir a la ruta y encontrar
a la camionera, o si no estaba esa ventana del baño abierta?
Esa es la circunstancia mágica de la cual hablé, acá
queda felizmente comprobada, ¡esta es la casualidad que guía
toda la obra de Dalia Rosetti!, es la naturalidad y la velocidad,
es el hacer sin tiempo casi. Ahí es donde Dalia une y no rompe,
sino que va pegando, ahí es donde Dalia continúa con
simplicidad, da vida, con espontaneidad y con una carga de energía
que ella define al final de la novela con estas palabras geniales:
“Si tuviera que definir mi enfermedad diría que sufro
de intensidad desviada”.
Siempre en Rosetti las historias no se sabe para donde van, “va
al tun tun, van con una fe ciega”, y es ese atolladero existencial,
el verdadero motivo de la obra de Dalia Rosetti.
Pero, ¿qué hubiese pasado que si no aparece ese príncipe
que conoce la protagonista y le impide llegar al establo y conocer
a su amor? ¿Qué hubiese pasado si no aparece ese príncipe
que se la lleva a Barcelona casi sobre el final de la novela? ¿Y
quién hubiese imaginado la tragedia que se desencadenaría?
Es imposible saberlo. Pero ¿que hubiese pasado? Eso es lo que
nos esta diciendo la autora en la novela “esto es lo que hubiera
pasado”, esa es la otra realidad, u otro segmento de la realidad,
dos realidades posibles, dos finales o millonésimos de finales,
porque esta historia es interminable o puede terminarse donde usted
quiera. Ese es el sello Rosetti, esa es la modernidad, la frescura,
el hacer, el atreverse, el jugarse en un tiempo y una historia.
Sueños y pesadillas, 1, 2, 3 y 4
Antes de pasar a este libro, dividido en pequeños fascículos
y publicados en forma de folletines, quiero decir que en casi todos
los relatos y novelas de Dalia las protagonistas son mujeres, en este
caso (el primer Sueños...) la historia comienza en verso con
la fuerza de la poesía: “El día de la primavera/
yo también me enamoré./ Me desperté a las nueve/
y al levantar la persiana/ sentí un perfume que transpasaba
los vidrios/ una presencia en mi nariz/ la señora primavera.”
Le toca a Marinera vivir un romance con una chica muda que lleva un
cartel que dice “todo lo que pesque es para las dos”.
En el segundo fascículo de esta mini-saguita, Marinera sigue
de ronda con nuevas noviecitas. Ya en el tercer fascículo,
(Sueños y Pesadillas 3) se puede encontrar a una Dalia Rosetti
muy distinta, absolutamente disparatada e imaginativa, al principio
nos dice “esta novela la he escrito junto a Fernanda Laguna,
que me ayudó en las partes mas trágicas y de sexo. Pero
la novela es de las dos”. En ellos se descubre que Dalia comienza
a utilizar muchos recursos variados, como ser el poema, la frase larga,
los diálogos muy rápidos y disparatados, la imaginación
en su punto mas alto (todos los elementos que son las marcas de fábrica
de la estética de Dalia) los acontecimientos veloces y encaramados
como si por momentos estuviéramos viendo los recuadros de un
cómic, se entra y se sale de las secuencias con fluidez. Más
allá de que siempre el tema en las novelitas de Rosseti sea
el mismo: el amor lésbico, y también el amor lejano
por un hombre, un amor de carácter casi epifánico. Y
en verdad no importa mucho el sexo, sino el amor en todas sus posibilidades,
mezclado con la locura y con la tragedia, con el humor y la irrealidad.
Cada renglón es un acontecimiento. ¡No podemos pasar
un renglón sin que no nos guste! Otra vez la peripecia, el
latir rápido, la intuición, y los impulsos mueven al
texto y al lenguaje. La imaginación, parece estar tratada de
una manera tan sencilla que la vuelve fulminante, avasalladora y única
en ese registro y en nuestro país.
Tatuada para siempre
Tatuada para siempre, es llevada adelante por la multitud, muy parecido
a las películas de Passolini (casualmente comienza en una noche
donde la protagonista está cenando y viendo bailar a una odalisca)
ya que rápidamente termina en prisión y ahí adentro,
se practicarán formas de sexo grupal y lésbicos, enamoramientos,
seducciones, atracciones, el tema corporal de tatuarse el cuerpo.
Convictas, parejas de presas son amantes de la voraz Comisaria Báez.
La protagonista termina en la cárcel por no poder pagar la
cena. “La cárcel es un gran telo”, nos dice. Una
increíble historia de amor entre dos mujeres, ella y Tatuadora,
dos mujeres que se tatúan en el pecho “un corazón
encerrado en una jaula”. Metáfora del amor entre dos
personas, de la unión entre dos mujeres: “Era como dibujar
nuevas venas en su pecho, nuevo corazón, casi una nueva vida.”
Corazón que late en ambos pechos. Toda la novelita es una liberación
absoluta de sensaciones, caricias, miradas, besos, “satisfacciones”.
“Mi tatuaje brillaba lleno de satisfacciones”. El último
capitulito se llama “Una noche en la cárcel”, se
vuelve intenso, poético, es ahí donde la autora se libera
casi hasta explotar, como si hubiera estado encadenada tres siglos
y de pronto tiene tanta energía que rompe sus cadenas. Esa
sensación de explosión, de liberación, de renacimiento
feliz, nos transmite el texto a medida que avanza, renglón
tras renglón, “intensidad y altura”, diría
Vallejo, acá sobran de las dos. “Mi tristeza es un palomo
en el cable de la calle pero hoy ha venido con otra palomita”.
Eso, es toda la escritura de Dalia Rosseti, fantasía, tragedia
y esperanza. Toda la novelita se reduce a la escena, la anécdota
de dos mujeres tatuándose por amor (pues después de
tatuarse se hacen el amor), tatuándose un corazón encerrado
que comienza a latir como el corazón interior.
Durazno reverdeciente
Es la historia de ella misma cuando tenía 65 años y
se enamora perdidamente de un estudiante de su curso. Ella es profesora
de Castellano. La historia transcurre casi íntegramente en
una colegio de Villa Crespo de nombre sofisticado “Paideia”.
El muchacho hijo de israelíes viaja imprevistamente hacia Israel.
Y la historia es la persecución de una mujer de 65 años
detrás de un adolescente. Bailes, discotecas, librerías,
viajes a Grecia, autos alquilados y demás ocurrencias le pasan
a la protagonista que debe sortear muchos escollos para conseguir
el amor del niño. Lo consigue, ¡lo consiguen!, consiguen
enamorarse en medio del desierto en dos camellos y peleando contra
las hueste enfurecidas del Ejército de Egipto. Una de amor
extraordinaria. Historia de amor duranezca, olorosa, sabrosa, jugosa,
reverdeciente. El reverdecer de la vida, de la pasión del amor.
Una novela increíble llena de magia. Durazno reverdeciente,
es la primera novela larga de Dalia, quizá la más elaborada
de todas, llena de situaciones disparatadas y de versos gloriosos.
No se puede parar de leerla, a cada renglón nos sorprende con
algo. Hay una escena inolvidable y por la cual vale leer toda la novela:
cuando el niño, en medio del desierto, saca de entre unas piedras,
una enorme rosa roja, que se va abriendo y los va envolviendo, hasta
convertirse en una especie de plataforma flotante, ¿una parodia
de las alfombras voladoras de Las mil y una noches, o de Alí
Babá y los cuarenta ladrones? La alfombra vuela sobrepasando
las máximas alturas de las pirámides y llegan a una
cueva en medio de las montañas, mientras los novios se besan
y el viento mueve sus cabellos. ¡Qué gran olor a textos
clásicos y telenovelescos! De una comenzada, en Buenos Aires,
Dalia nos transporta a la medialuna de las tierras fértiles,
donde nació la humanidad. Es el amor que los transporta y esta
alfombra voladora, es una excelente metáfora del amor. ¡Amor
entre camellos y en medio del desierto! Claro que la novela sigue
y hay que leerla.
Alejandra (petit nouvelle)
“Concha contra concha. Ese vacío. Es como una sopapa
que te hace volar. O pelvispierna contra concha. Cualquier cosa contra
concha. Un enjambre que puede no acabar nunca y dejarte calentita
por una semana. O acabar y estar feliz por un día o por lo
que sea. Eso me calienta mucho”. Sexo, mujeres y amor. De esto
habla esta petit nouvelle, subtítulo de Alejandra, fue publicada
por una imprenta en Córdoba. De fuerte carácter autobiografico,
cuenta las peripecias de tres chicas de vacaciones en Brazil. Es una
bella historia de amor entre Alejandra y la narradora. La narradora
está enamorada de Alejandra y de Alexandra una escritora que
conoce en el hotel. Escenas lesbianas, con brasileños como
Petro, Pendejiño (un adolescente de 17 años que al no
tener “camisiña”, profilácticos, le termina
haciendo un pete). Y otros circunstanciales amantes. El tema es el
amor. El amor fuerte, duro, intenso, el desamor. Y a través
de la sexualidad, la liberación. Dalia termina dando este mensaje
a todas las chicas: “Búsquense a una amiga, su mejor
amiga, una colega, una piba de la bailanta o de la disco y vayan para
adelante. En un baño, una pieza de una casa de algún
amigo, en la cama de los padres de tu mejor amiga. Donde están
las máquinas que hacen subir y bajar los ascensores. En una
terraza en invierno. Bue... lo típico en una plaza. En tu dto.
de Barrio Norte o de Once. Es muy lindo chupar una concha, tiene que
escarbar entre los pelitos hasta llegar a la parte suavecita y meter
la lengua por donde puedan. Por el orto también. Si eran buenas
amigas van a serlo más aún. Se van a mirar cómplices
en las fiestas, en la facu. Pueden tener sus respectivos novios. Y
pueden coger a escondidas o decírselos a ellos y si son modernos
se van a copar y hasta puede que se calienten más y que tengan
mejor sexo con ustedes.”
La ama de casa
La ama de casa, es un poema de corte clásico español
que Dalia escribió en 1995. Un poema largo que cuenta las peripecias,
siempre en forma imaginativa, de una ama de casa mientras limpia su
hogar. A pesar de que la ama del poema está sola en la casa,
las cosas, los muebles, la cama por ejemplo y las cacerolas se personifican
y empiezan a ingresar en un estrado fantasioso de invalorable brillo
visual. Este, quizá uno de los poemas más interesantes
que se escribieron en la década del 90, y digo esto porque
trabajó con elementos casi mínimos, sin elaboración
ni estructuración de lo que se llama “procedimientos
literarios”, un poema en el cual ni siquiera se produce cruce
alguno de ninguna clase. ¡Parece que el cruce de miradas, de
tonos, de sentencias, es lo que importa en la literatura! Rosseti
nos demuestra que con poco, con nada, se construye una historia y
un poema. “La ama de casa/ estaba cansada/ tantas cacerolas/
tantas tazas./Se levantó el domingo/ cansada/ hacer el jugo/
y tender las camas. Una rara reminiscencia a catátrofe social
recorre todo el poema, una elucubración mágica de un
futuro apocalíptico parece decirnos el poema a través
de su personaje, hastiado de “hacer las cosas del hogar”,
nos dice que no hay esperanza, la tragedia ya comenzó. Y es
verdad, es un poema de peripecias trágicas, bijouteriado en
el mejor modelo del siglo de Oro español, la monotonalidad
y la rima tonta. Tragedia, tragedia, en verso. ¿Parodia? “Esta
gente es o se hace”, se pregunta por ahí, Mario Ortiz,
y se respondía: Son y se hacen. Lo mismo se podría aplicar
a la concepción gramatical de este poema. ¿Es parodia
o se hace? O que es todavía mejor, no será una parodia
de la misma parodia? No se estará parodiando, sin saber, sin
querer, (la verdadera manera de crear el formato paródico),
a todo desde, la gauchesca, la política en adelante. Creo que
acá, en estos poemas el arte “repulsivo” de Dalia
Rosseti, llega a lugares nunca pensados por la tradición (todo
lo anterior), la levedad, la tontera a medio decir, la velocidad escritural,
la inspiración y el enamoramiento, no “ñiñezco”,
o infanto juvenil, ¡no!, acá está el mal. Rosseti
es sin dudas, el mal, nunca nos habla de lo que nos habla, Rosseti
es la mismísima ballena blanca del terror. Rosetti es algo
serio, algo triste, Rosseti es el mal, por primera vez aparecido en
nuestra literatura, es algo peligroso, es algo pa tener cuidado. Mucho
más violenta, insoportable e inadmisible que muchos de los
textos del realismo “enñiñesido” de la poesía
argentina, o el realismo “violento, sociabilizado, o falsamente
polítizado” de muchos autores un par de años mayores
que ella. La poesía argentina está atada de pies y manos,
sostenida, aferrada a su método, no hay libertad. La literatura
debe ¿debe? ser motivadora y generadora de más literatura
y de libertad, “aquella literatura que no abra puertas, que
no despierte la fantasía del lector, no servirá para
nada más que para perecer entre un racimo de lectores malos.
¿Cuáles son los lectores malos? Aquellos que carecen
de sensibilidad y le piden un sólo tipo de exigencia al texto.
Rosetti es el libertinaje de una noche de borrachera que nos puede
transportar a la muerte. ¡Si leemos a Rosseti, una noche de
luna corremos el terrible peligro de morir o de convertirnos en monstruos!
El mal, el mal mejor que el bien: “Sacudió el colchón/
y ventiló las sábanas/ y al tender la cama/ vio los
ojos de Dios/ que a través de la cama la miraban/ Era Dios
hecho humedad”. Rosseti es, sin lugar a dudas el futuro, complejo,
satánico, total. “¡Flota la reina de la creación/
cada día las calles,/ embellece al jardín/ y entierra
a los muertos”. El mal, la tragedia, lo peor, disfrazado, amalgamados
de una sencillez cotidiana, de una lectura rápida, sencilla,
pero ahí están disfrazados, como debe ser, porque no
debemos mirarlos, verlos, hasta que nos saltan encima, hasta que sucede
y nos come como un yasiteré.
No obstante aparece la esperanza:
Con sus últimas fuerzas
al caer la tarde
comenzó a frotar la cama
de madera blanca laqueada
y al frotar las patitas
la cama suspiraba.
Ser mujer, ser mamá y Eva Perón
Acá correría un viejo dicho de un país centroamericano:
“Como decimos en San Juan de Maguana, te veo en la cama”.
En todos los relatos de Dalia la mujer es el factor principal, el
mentor, el “intercomunicador” entre el amor y los seres.
Como pasa en verdad en la vida. Creo que esto, también es inédito
en la literatura argentina, con excepción de Salvadora Onrubia,
la abuela de Copi, que tiene unos relatos con mujeres de una belleza
increíble. Al igual que con Salvadora, uno en los textos de
Rosseti desearía con todo ser mujer. Hace mucho que nadie hizo
un tratamiento delicado, tan hermoso y renovador del sentimiento femenino
como Rosseti, tal vez esto sea lo más valioso en términos
o lecturas sociológicas de su obra. En Rosseti aparece el desenfado
femenino. Una vez una prostituta dominicana me dijo: “Hoy vi
una mujer pidiendo en el piso con los hijos alrededor, ¡me vino
a pedir justo a mí! Joven, linda, y con una concha, no te podés
morir de hambre, le grité. Preferís tener a tus hijos
muertos de hambre, que abrir las piernas. ¡Mujeres a abrir las
piernas! Y verán como se acaban las miserias y las injusticias.
Eso es deshonesto y sucio, no abrir las cachas por plata, sino andar
pidiendo en la calle... Las piernas abiertas dan vida, regeneran el
ambiente, cambian el olor de la ciudad, movilizan la industria, y
acercan a la gente más a la gente, es generadora del buen humor...”
Y todo esto dicho con la prepotencia física y espiritual que
late en una mulata dominicana. Dalia, es nuestra prostituta textual,
prostituye al texto, hace que se atreva, que corra por lugares donde
la libertad nace. Dalia hace que las mujeres en sus textos, amen,
decidan; con la irreverencia y la fuerza de una Eva Perón.
Evita es y será la madre celestial de los argentinos. Y Dalia
es la madre prostibularia, atorranta, desprejuiciada, que se atreve
a todo, es la madre macho de la literatura argentina, eso es lo que
nos demuestran sus textos y poemas. Siempre me ha sorprendido su figura
fulgurante, imperativa, inteligentísima; dócil e ingenua
a la vez. Dalia se atreve a todo. Es tan importante y genial el mundo
de mujeres de Rosseti, mujeres que por su proceder parecerían
hombres, pero son mujeres, mujeres generadoras de cosas. Es estar
procreando una libertad constantemente a cada renglón. Es ser
madre del texto, es un texto escrito por una madre, por una mujer
que es madre que está pariendo una nueva manera de vivir y
disfrutar a traves del arte. Aquellas que no lean a Dalia Rosseti,
lejos, y tristes estarán de cualquier acercamiento con su interior.
No le dio el voto a las mujeres, pero les dio la acción, la
libertad generadora de procrear el texto a cada rato. Mujer, madre,
liberadora, alegre y divertida, así es Dalia Rosseti, llena
de vida trágica, de amores sinuosos están llenas las
páginas de esta escritora casi desconocida para el mundo. Una
escritora que se atrevió a entregarse plenamente, como Eva
al pueblo, como la poesía a la belleza. Sólo me resta
anotar un poema de la autora. “Ella y yo: Este es un cuento/
muy bonito/ y simple./ Es mi primer cuento/ lo más largo/ que
he escrito./ Mi proyecto ambicioso,/ mi consagración./ He usado/
más palabras que nunca./ He imitado/ a grandes escritores/
como Bocaccio,/ César Aira,/ Clarice Lispector,/ Cecilia Pavón,/
Gabriela Bejerman,/ y Paulo Coelho./ Antes de escribirlo/ tenía
mucho miedo/ de caer en algo superficial/ frívolo o tonto o/
de no poder lograrlo./ Pero creo haberme entregado/ íntegramente/
a él.”
La sinceridad en tu mentira creadora
Sin duda, en todo este mundo fabuloso, en todas estas fábulas
que son los libros atrapantes de Dalia, la autora no deja nunca, ni
en los momentos más volados de mostrarnos su sinceridad, creo
que en ningún otro escritor de su generación hay tal
sinceridad a la hora de escribir, hay tal exibición de sus
sentimientos plasmados en palabras. No me cabe duda que Dalia ha inventado
ese mundo maravilloso de adolescentes y amores, flores y animales
a través de su sinceridad, de su acotada mirada del mundo.
Singuralidad, atrevimiento y verdad del alma, llenan estos libros
a los cuales no se puede dejar de leer. Y esto es debido en mucho
a que la simbiosis entre poesía y felicidad, entre poesía
y libertad llega en sus textos hasta calles y atajos hasta ahora desconocidos
en nuestra literatura. Mucho se ha dicho que Dalia, practica un castellano
deforme, yo diría que todo caso sería disconforme, y
no sería tampoco un castellano pobretón, bajo, liviano,
como dicen los críticos, sino que todo lo contrario, en esto,
en gesto, astucia y negligencia está la invención de
un nuevo idioma, una manera feliz de contar. Dalia es la inventora
del castellano del mal, desde los tiempos de Cervantes, ha vuelto
a aparecer nuevamente el lenguaje a disposición entera del
mal. La única verdad es el sentimiento de la autora, sentimientos
malos, sentimientos transparentes, eso no tiene ninguna importancia
para el mundo, pues en verdad el bien y el mal son idealizaciones
de la especie humana y es más que obvio que ninguno de los
dos existe. Si existieran, y para darle un marco sociabilizador, Dalia
sería el mal, el mal más absoluto, el mal que nos quita
el sueño, la pesadilla, que nos despierta con el corazón
en llamas. Todo lo malo para la especie humana no siempre es malo
para el universo. Los humanos vemos lo que nos rodea con ojos humanos
y ahí radica el error y la extinción de nuestra raza.
Dalia, lo sabe, lo intuye y lo escribe libremente, porque es la libertad
el sinónimo de la vida.
Cucu
Bibliografía:
La ama de casa, Ediciones Deldiego, 1999.
Tatuada para siempre, Ediciones Belleza & Felicidad, 1999.
Sueños y pesadillas 1 y 2, Ediciones Belleza & Felicidad,
1999.
Sueños y pesadillas 3 y 4, Ediciones Eloísa Cartonera,
2003
Me encantaría que gustes de mí, Ediciones Belleza &
Felicidad, 2002.
Durazno reverdeciente, Ediciones Eloísa Cartonera, 2003.
¡Love you, don’t leave me!, Ediciones La Lili, Córdoba,
2003.
Alejandra (Petit nouvelle), Ediciones La Lili, Córdoba, 2003.
El Comandante, Ediciones La Lili, Córdoba, 2003.
Durazno Reverdeciente (fragmento del comienzo)
Vuelvo del colegio, como todas las tardes. Divagando como siempre
con profesiones más importantes. Uno de los sueños que
siempre se me repite es el de haber sido cantante de cumbia. Mi madre
era muy tradicional así que me obligó a estudiar algún
magisterio y yo elegí el de Bellas Artes. Luego de conocer
a muchos literatos me hice maestra de literatura. También estudié
Inglés y por muchos años dí clases particulares
con lo que ganaba bastante dinero.
A los 31 dejé de ir a la dicoteca, mis amigos de mas de 36
y hasta 40, no paraban de ir a bailar. Yo comencé a quedarme
en casa, con mi novio, al que nunca lo llamé novio sino compañero
de casa, con el que nunca tuve hijos. Y a salir a girar por la calle
Florida a comprar artesanías. Como yo tenía plata, invitaba
a los vendedores a chupar cerveza y a fumar tabaco. Yo llegaba con
varios atados de veinte que les repartía. Me apasionaban los
chicos que no usaban remera y, a los que, se les veían los
tatuajes.También me gustaban las chicas masculinas, bien vestidas.
Muy vestidas, que sólo mostraban sus fuertes brazos lampiños.
Me daba igual cualquier sexo.
Al final estoy sola, con dos gatos que no deseo y soy maestra, profesora.
Quiero aclarar que de los chicos y chicas que estaban en Lavalle no
me gustaban los que escuchabar salsa. A éstos los discriminaba
por intentar hacerse los intelectuales o ser demasiado ardientes para
mi gusto. Cumbia sí. Esos éran mis preferidos. Cumbia,
cuarteto y hasta aceptaba a los Piojos. En aquella época le
encontraba algo bizarro a su música. Como algo morbo. Hoy ya
no existen mas.
Cuando llego a casa prendo el contestador y encuentro uno solo (raro,
nunca tengo ninguno), un mensaje de Gabriela:
- Hola Fer, estoy terminando una nueva novela. Creo que ésta
es la mejor de todas. Y pensaba salir a festejar a al bar de David,
“Concheto”. Conocí a un chico de 37 que tiene un
amigo que está ansioso de conocer a una mujer grande como vos.
“Como vos “me dije. Lo primero que hago es servirme un
Wiskey con hielo como lo hago todos los días. El gran rito,
para aislarme de mi entorno que me parece patético. Mis colegas,
pendejas de 28 que quieren convertir a sus alumnos en genios. ¡Qué
asco!. Yo a esta altura los dejo hacer lo que quieran y les pongo
a todos diez. ¿Quién de la escuela le va a dioscutir
a una jovata de 65 como yo?.”¿ Que querés leer?
¿March Alvis? ¿Cecilia Pavón? Mi amor, leé
lo que quieras mientras te distraigas con algo”. Lo segundo
que hago es borrar el mensaje de Gaby y volver a servirme un Wiskey
más. A ésta altura ¡Por Dios!...
Me levanto todos los días a las 8, me tomo diez vasos de agua
fría. Desayuno mate con dos o tres bizcochos y hago unas elongaciones
contra la pared. Apoyo mis manos contra la ya citada y bajo mi espalda
en forma de tabla. Siento que me hace bien. Y de ahí al Cole.
No soy una profesora mediocre, al contrario soy copada con los pibes
y las chicas. Me aguantan, hasta diría que me quieren. Algunos
me dan piñas en la panza o me guiñan el ojo. Me gustan.
Aunque aveces me dan mucha pena. Tanta vida por vivir.
Mis amigos me dicen que me volví una vieja quejosa y mala onda,
pero así soy yo loco, copada a mi manera. Aveces a los alumnos,
los dejo armar porros en el aula y me arriesgo a todo pero, como ya
dije, todo el mundo piensa tengo mas pinta de vieja mala, que de buena
onda. “Soy buena onda Gaby, cuando me haya muerto todos se van
a dar cuenta”.
Y ahora no sé, se me dio por escribir esta especie de diario-
nouvelle porque a pesar de que borré el mensaje del contestador
algo se me movió por dentro. Como que si salgo tengo que tener
algo para contar. Algo que esté haciendo por mi misma aparte
de los ejercicios de elongación. Aparte se me ocurrió
que ¿Y si en vez de un pibe calentón Gaby me consigue
una piba de 50 deseosa de tener una ídola? No estaría
nada mal. Pero para tener a una idolatradora algo tengo que hacer
y ya que soy profesora de literatura escribir una Nouvelle no me resulta
nada difísil.
- Hola gaby. ¿Qué hacés?
- Estoy terminando una súper novela. 250 páginas.
- Y 250 páginas ¿De qué?
- Es una historia de un pintor que pinta un cuadro mágico.
No sé, tiene algo de Harry Potter ¿Te acordás?
pero con sexo y tragedia.
- Ah si ...me acuerdo. Fue uno de los pocos libros que leí
entero ¡Qué bueno! y ¿está buena?
- Se la mostré a mis alumnos de cuarto y les encantó.
- ¡Genial! Entonces quiere decir que aún estás
en la onda.
- ¿Qué onda?
- No sé. Con la juventud. Igual siempre fuimos distintas, a
vos siempre te gustaron los chicos en forma de masa. La juventud...
los gatos...los animales. El ser humano en general... A no ¿Era
al revés? Creo que la visión de masa y las ideas de
la revolución eran mías y vos la que ponías la
atención en los particulares... Y mirá, lo máximo
que hice, fue un manifiesto que lo leyeron las 150 personas que compraron
“Cecilia y Fernanda”. La memoria...
- No te hagas mas la vieja. ¿Puede ser? ¿Te cabe o no
salir con éste chico?.
- Y si quiere cojerme¿Qué le digo?
- Nada, probá. Dejáte llevar... como siempre lo hiciste.
- ¿Tal cual, lo hice? Ahora me muero de vergüenza que
se me vea la panza.
- No te digo que al chico le gustan las grandes. Aparte vos, fer tenés
un humor...
- Negro.
- No. Tambien hacés cagar de risa a todo el mundo.
- Y...¿Una chica? ¿No tendrá una amiguita?
- No creo, por la onda que tiene el mío. Pero si querés
vamos a “De la otra vereda” y después yo salgo
con el chico.
- ¿Todavía te gustan las chicas?
- Poco, mas o menos. Los chicos me hacen sentir viva.
- Ah... claro. Yo quiero sentirme muerta.
- No cambiás mas.
- No. No quiero. Mis dos gatos, yo y vos son mi familia y no sé
si quiero ampliarla. Pero igual dale, vamos a “De la otra vereda”
que creo que una ex colega va por ahí.
La última vez que fui a “De la otra vereda” se
llamaba “XX” y antes “Gay-ya” y antes “Contramano”.
En éste momento esta totalmente renovada. Piso de goma, azulejos
rosados en las paredes y una súper barra de mármol redonda
sostenida apenas por unas diez columnas. Las chicas atienden en tetas
y con mini tangas. Yo le pido a una de las top models que me dé
un Destornillador y, destapando una lata fuxia me lo dá. ¡Que
del glamour de la mezcla de jarabes en el vaso! Por eso odio salir.
Porque todo lo de antes siempre me parece mejor. Aunque la innovación
de las chicas desnudas me parecióparece bastante interesante...Del
otro lado de la barra está Carmen mi ex colega del colegio
Encarnación con un grupo de amigotas. Yo me acerco y, le digo
a Gaby gracias, que valla en busca de su experiencia infantoheterosexual
que yo me quedo con las “chicas”.
- Ok, me responde. Te auto marginás de la heterosexualidad.
Al fin y al cabo ¿Cuánto tiempo duró tu mayor
relación gay?
- Tres meses. Julia, a los 29.
- Tenés cero grasa boluda, es sólo retención
de líquido
- Retención o no me siento mas segura con cuerpos parecidos
al mío.
Y se va. Al fin. Ella siempre me enfrenta con la realidad de mi sexualidad
indecisa. Yo soy un ser asexuado. La edad no tiene nada que ver, es
verdad, mas en estos tiempos dónde todo ha cambiado y las diferencias
de números, en ciertos hambientes, ya es moneda corriente.
Pero yo... sigo con los mismos complejos de siempre. Cuando tenía
30 las de 21 me parecían re chiquitas y ni digo las de 17,
casi bebés. Ya en aquellos años se venía perfilando
mi cosa maternal de vieja solterona.
Cármen sigue siendo súper divina. Tiene 10 años
menos que yo y nos llevábamos (cuando trabajaba en el colegio)
re bien. Me parece, por la mirada, que sigue siendo la misma una alegre
y jovial mujer. Comenzamos a charlar hacerca de todos esto años
sin vernos. Ella se dedica a salir a bares y a juntarse con sus amigas
del colegio. Ahora está haciendo una tesis en Ciencias Naturales
acerca de las flores hermafroditas y la relación de ésto
con las travestis. Mujeres que se hacen hombres. Su look es muy masculino.
El mío femenino como siempre. Eso si, me sigo vistiendo muy
bien. Con onda. Mis alumnos se ríen a mis espaldas o hacen
algún comentario tipo “ Profe...que churra” (me
joden con palabras que se piensan que se usaban en mi época
de adolescente). Tengo nivel teta cero , con los años, se fue
profundizando no sé por qué. Al revéz de las
predicciones que hacía cuando era jóven. Mas jóven.
Con Carmen y sus amigas me siento re bien. No sé si la que
está a su lado es su novia o si lo han sido pero o nada pero
tienen un trato muy especial
- y ¿Qué es de vos Fernanda?
- Yo. Soy una vieja amargada.
- Epa... ¿Por qué?
- Vivo con dos gatos y me doy cuenta que no he hecho demaciado por
mi misma. Lo último que hice fue ir a AA y no llegar a los
90 días.
- Pero ¿Estás segura que lo tuyo con el alcohol es tan
grave?
- No. La verdad que no. Pero quería hacer algo, y bajar la
panza
- (se ríe) ¿Qué panza? -y me señala la
suya que era mucho mas grande.
- A vos te queda súper bien...Es sensual. Vos sos linda. Cómo
te vestís, así ...
De pronto me doy cuenta que me la estoy súper piropeando delante
de todas sus amigas y aún no sé si la que esta a su
al lado es o no su pareja. Cármen me gusta, es positiva, conforme
con su vida. Hace cosas. Lo de la tesis me impacta...
- Bueno...también estoy escribiendo un diario novela.
- Ah....te lo tenías guardado.
- Pero recién empiezo y no sé si le voy a poner un final...
¿Cuál sería ese el final? ¿Mi vida?
- No! Puede ser la llegada del amor. La publicación del texto.Que
adoptes un niño...
- No me dejan adoptar porque no tengo una pareja consitituída
y aparte no me gustan los niños.
- También podés inventar que tenés una pareja
constituída....
- Pero no, no quiero inventar nada. Hoy se lo dije a Gaby. Mis gatos,
ella y yo.
- Pero ella hace su vida.
- Si, es como una hermana que viene de vez en cuando.
- Pero ...Tenés mas hermanos ¿No?
- Si, tres más.
- Ah...
- ¿Entoces tu familia es bastante grande?
Me pido otro destornillador y ella se pide con las amigas una botella
de champangne.
- ¿Vos creés que las que atienden son tortas?
- No sé, serán como vos. Vos nunca estuviste ni parecés
estar muy definida.
- Tuve una etapa que iba a una tanguería a ver si conseguía
novio y el único que me dio bola fué un embajador muy
sofisticado con el que dimos un beso y después se marchó
a Canadá. Después de eso. Gato, plantas, gimnacia, colegio
y...
- ...“De la otra vereda”
- Si. Tenés razón. Pero vos sabés que no vengo
nunca.
- Si, ya lo sé.
- ¿Vos crees que del instituto éramos las únicas...tortas?
- No. Mabel y Sandra también. Lo dejaron y se pusieron de novias
- Aha...mirá vos el cole- y tomando coraje pregunté-
¿Y vos, qué onda?
- Yo estoy sola. Corté hace tres semanas una relación
de cinco años con una diputada.
- Ah...Una copada.
- Si re inteligente. De la izquierda Unida. Tiene muchos principios
morales. A pesar que lo nuestro terminó, aún la respeto
un montón. La relación se fue desgastando y...fin
- Era mas grande que vos
- No tenía 35 y es re linda.
- Ah...¡Que bueno!
Yo, en ese momento me sentí absolutamente fuera de carrera
con ella. Había salido con una Top... Yo, que sólo había
mirado el cacerolazo del 2001desde la puerta de mi casa. Y lo oí
otra vez, en mi patiecito, mientras cogía con un desconocido.
Después de eso no milité en nada. Pero ¿Por qué
tenemos que ser todos héroes? Aparte con la corrupción
que hay en el congreso, que todos se duermen, que son todas alianzas
hechas de antemano. Que son ¡Los estafadores del pueblo!
- Yo, soy anarquista. Y le muestro mi tatuaje con la A
- En serio. Yo también. ¿Y qué hacés por
esto?
- Me levanto todos los días a las 8, me tomo diez vasos de
agua fría. Desayuno mate con dos o tres bizcochos y hago unas
elongaciones contra la pared. Apoyo mis manos contra la ya citada
y bajo mi espalda en forma de tabla. Y después me voy al colegio
a dar la menos cantidad de órdenes posibles.
- Vos fuiste famosa en una época.
- ¿Cuándo?
- Con la revista que editabas.
- Por favor, no hablemos del pasado.
- ¿Por qué no?
- Porque me pongo a llorar. Yo quería ser bailarina y cantar
en un grupo de cumbia.
- Dale...todo eso era una pose.
- ¿Te parece?
- Si, tus amigos. El hip hop que ya se escuchaba en el resto del mundo
hacía años...y acá lo trageron como una novedad.
Y vos también te la comías. Primero la música
de Colonia, después Gigoló records, Hell, Romina ...
y después cumbia villera y hip hop.
- Pero ¿Cómo sabías tanto de mí?
- Yo iba a bailar a Moroco. Yo fui a Bum Bum. Yo fui a esa tienda
que tenías...
- Lo mío era sincero. Gilda, Rodrigo. Yo, mi deseo, era eso.
Bueno también, por todo lo que hubo de careteada en mi pasado,
no hablemos de él. ¿Querés bailar éste
lento?
- Dale...
Y vamos a la pista que está a un lado de la barra. Hay chicas
de todas las edades. A mi ojo entre 17 y 65. Yo debo ser una de las
mas grandes, aunque no los luzca. Pero hay sólo chicas y con
zapatos, porque está prohibido entrar con zapatillas. Después
del lento nos sentamos en una de las cabinas triangulares dedicadas
a tríos. Pero nosotras somos dos. Las amigas de Carmen se van
y quedamos las dos solitas. Solotas. Sentadas en la mesa nos ponemos
a charlar de mi novela
- Recién está en pañales...
- Pero dale, adelantate algo. Alguna escena.
- Mirá, creo que lo mas emocionante que va a tener va a ser
la visita a éste lugar. Mi encuento con vos y vision de todas
estas chicas en tetas. En 10 años no me pasó nada.
- Y ¿Cómo vas a poner lo de hoy?
- Ya estuve anotando algo mientras fuiste al baño
- A ver...
- “Cármen sigue siendo súper divina. Tiene 10
años menos que yo y nos llevábamos (cuando trabajaba
en el colegio) re bien. Me parece, por la mirada, que sigue siendo
la misma una alegre y jovial mujer. Comenzamos a charlar hacerca de
todos esto años sin vernos. Ella se dedica a salir a bares
y a juntarse con sus amigas del colegio. Ahora está haciendo
una tesis en Ciencias Naturales acerca de las flores hermafroditas
y la relación de ésto con las travestis. Mujeres que
se hacen hombres. Su look es muy masculino. Pantalón pinzado
negro, zapatos negros y camisa abrochada blanca. El mío femenino
como siempre.Pollera por debajo de las rodillas para ocultar lo gruesas
que estan y una remera casual color fluo.
De repente me sale con una declaración inesperada para mí.
- Yo gusté de vos mientras trabajaba en el Colegio.
- Y yo no te daba ni bola...
- No
- Pero te juro que era timidez. Soy medio aparato.
- Pero nunca lo fuiste.Siempre fuiste muy inteligente.
- Después de varios bochazos me fuí volviendo muy insegura
de mi imagen física.
- Pero, si sos...re linda. Aparte no todo es lo corporal.
- Te parece. Gracias. Primer piopo, a exepción que de los que
me hacen los chicos en el cole, que un ser me hace. A no, Gaby siempre
me piropea. ¿Te acordás de gaby?
- Si. La conozco. La ví el otro día con una pendeja.
- ¿Qué? Me juró que ya no salía mas con
chicas.
- Juró en falso...
- Pero estás segura. A ver ¿De qué color tiene
el pelo?
- Rojo.
- Si era. Qué guacha. Y la chica ¿Cuántos años
tendría?
- 36, 34. No sé mas o menos. Y te digo que no las ví
una sola vez.
- Y¿en que bar?
- Acá.
- Es mas, es esa que está ahí.
- ¿Cuál?
- La de camisa rosada medio abierta
- ¿La rubia?
- Si. Te gusta...
- Está buenísima... Igual no es mi tipo.
- A ¿No? pero que carita pusiste, se te fruncieron todas las
arrugas.
- Si casi no tengo.
- ...
- ...
- Sos divina. Así como sos.
Y me da un beso ( Esto lo juro y si no que me caiga el rayo que está
pronosticado para mañana, el día de el alerta meteorológico)
tremendo, maravilloso, eterno. Pienso en mis dos gatos y los quiero.
Pienso en la juventud y ya no me importa. Este beso es lo más.
Jamás nadie lo hizo igual. O por lo menos mi señilidad
no lo recuerda. Su boca es diferente, blanda, decidida. Mis labios
en desuso se mueven como si fuera habitual en mi besar. Meto mi lengua
en esa cavidad desconocida que es su boca y nuestras lenguas se enlazan
como dos manos que se unen en un saludo fraterno. Ninguna suelta a
la otra hasta que, seguimos besándonos exteriormente. Ella
finaliza este beso de película chupándome el cachete,
que por mi edad está un poco caído. Y me susurra al
oído “Preciosa”. Todo lo que me pasa parece tan
cursi, pero el romance, es así. Como los primeros besos, los
primeros encuentros.La visión del ser amado que baja por la
escalera. La entrada de la persona que esperamos por la puerta del
bar. Las apariciones de la Vírgen, de Dios. Aunque no sé,
si ésto que me está pasando es amor o no, si es el comienzo
o el final de una relación, o si es un beso casual de lástima
hacia un ser al borde del apagón total.
Nos miramos, con nuestras miradas profundas de haber visto mucho.
Vuelvo a sentir que mi edad es maravillosa, que todos mis estúpidos
complejos no habían hecho otra cosa que encerrarme en mi casa
añorando aquellos años de juventud escandalosa, cuando
tenía cuatro amantes a la vez. Cuando cogía todas las
semanas con mis mejores amigos. En este momento sentía que
el amor era otra cosa, un durazno dulce, de piel suave pero reverdeciente,
duro y delicioso. Para ser cortado a cuchillo. No de esos jugosos
que te manchaban la remera recién limpia; Para ser compartido
con tenedor o para ser entregado de a rodajitas en la boca del ser
deseado. Un beso. Solo es un beso y que me está dando vuelta
el día.
Seguimos charlando nos tocamos los zapatos por debajo de la mesa.
Ella aveces sube hasta mi rodilla y yo me muero de vergüenza
y estremecimiento olvidando que las mesas tienen mantel. El asunto
aparentemente sigue. Le cuento que Gaby siempre me quiere hacer salir
y que es tan divina que, aunque, desde los 40 le digo que no, ella
sigue intentando entusiasmarme. Y ese día fabuloso su empuje
me llevó al milagro del amor, o del encuentro en fin. A cualquier
edad no se sabe ¿qué va a pasar?.
Me doy cuenta que estoy escribiendo “mi historia” como
si les estuviera hablando a mis alumnos. En realidad quiero dejarles
éste legado pedorro a mis chicos para desmitificar la imagén
que ellos tienen de mi, de vieja chota aburrida, pasada de moda. Sin
personalidad, ni motivaciones para vivir. Angustiada, solterona, amargada.
Melancólica y alcólica. Flácida (es verdad) y
triste. Y de que, a pesar de que casi todo esto es verdad no es feo
crecer. “Chicos ahora si que se van a divertir, la vieja tiene
sus dotes sensuales”. |
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|
| 1º
Premio Red de Artistas Arte BA 2004
ELOISA
CARTONERA EN ARTE BA
Por
Rodrigo Quijan, poeta y curador, nació y trabaja en Perú. |
Cumbia Cartonera la Mais Endiablada
Entre los
muchos fenómenos que emergieron con la crisis, el interés
por el dato social y sus redes de solidaridad y supervivencia popular
no sólo marcaron el imaginario artístico. Sino que
también trazaron la ruta en el desarrollo directo de proyectos
cuyo trabajo de recuperación simbólica y reciclaje
hizo del intercambio vivencial callejero un argumento estético
y una herramienta crítica cultural. Del contacto con el trabajo
cotidiano de los cartoneros de Buenos Aires, en estos artistas el
perfil de lo popular relegitima una radicalidad asociada al activismo
de redes sociales, a la vez que hace propios los contornos y el
lenguaje de lo emergente y lo incontenible de una otra Argentina
que acaso venía hace rato empujando de abajo. Esa emergencia
y sus más visibles síntomas se articulan de varios
modos en el eje creado por la galería Belleza
y Felicidad y el proyecto Eloísa Cartonera,
cuyos artistas, promotores y participantes, como Fernanda
Laguna y Wáshington Cucurto,
se asumen como influenciados por la actividad de los cartoneros
y su entorno popular. En la obra de Javier
Barilaro es la estética fluo y la diagramación
estridente de los afiches cumbieros, en donde el recurso textual
es reutilizado desde la literatura, la historia del arte y la autorreferencialidad
con humor y con una urgencia que desdeña el acabado formal
en beneficio del gesto emblemático. Algo similar sucede en
el trabajo de Alberto
Franco, un artista de la calle misma y de sus más
valorados íconos de la música y del fútbol
y de sus propias y conocidas místicas. O en la obra de Clara
Domini, que asume el cartón como soporte directo
de su trabajo en prendas e inscripciones político sociales
en tanto testimonio y memoria vivencial. Como materia prima o como
residuo simbólico del proceso social argentino, el cartón
de estos artistas cartoneros ha producido su propia escena y su
propio espíritu, su propia red de trabajo y su particular
activismo, en el homenaje espontáneo y en la mirada reflexiva
acerca de la realidad argentina contemporánea. Una experiencia
artística única, en absoluto acartonada.
  
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|
PULP
FICTION
The
Financial Times Limited, por Richard Lapper, en agosto 2004 |
Almagro, a lower middle-class neighbourhood in Buenos Aires, is just
the sort of bleak, nondescript background in which Jorge Luis Borges,
Argentina's most famous writer, used to set his elegant and cerebral
short stories. So it is perhaps not surprising that in the uncertain
period that has followed Argentina's economic collapse at the end
of 2001 an innovative artistic and literary experiment has taken root.
In a broken-down chemist shop on Vieja Guardia Street, a group of
young writers and artists has established an art gallery and bookshop
that serves as the public face of Eloisa Cartonera, a publishing house
that makes original books from recycled cardboard and cheap prints
and sells them for less than 5 pesos (90p) each, about a third of
the price of a conventional paperback.
In Argentina - as in the rest of Latin America - books are expensive,
prohibitively so for the millions of people who live in the slums
of the continent's gigantic cities. Print runs are small and it is
difficult for young or poor writers to find a publisher in a sector
that has come to be dominated by urban elites. Eloisa Cartonera is
an attempt to democratise publishing by helping aspirant writers find
a market. "We are socially excluded and this is a good way to
get involved," says Javier Barilaro, an artist and one of the
three founders of the publisher. "Anyone can do this. Anyone
who has written anything can get the book printed themselves,"
he says. Eloisa Cartonera buys the cardboard from pickers - known
locally as cartoneros - slum dwellers who descend every night on city
centres to sift through domestic and industrial rubbish and take out
material with recycling value. Since the crisis the number of cartoneros
has nearly doubled to 40,000.
A special train - known eerily as the white train - takes them to
work before dawn.
A few doors up the road from the bookshop, six young cartoneros have
been employed to cut the cardboard into shape and make the book covers.
They earn a few pesos a day on the project. Each book has a unique
cover, as Barilaro prints the titles using rough stencils and bright
poster paints. The content, printed cheaply or simply photocopied,
consists of short stories and poems by a variety of authors. These
include members of Eloisa, such as Washington Cucurto or Fernanda
Laguna, who writes as Dalia Rosetti; associates such as Cecilia Pavon,
a poet; recognised poets such as Rodolfo Fogwill and well-established
writers such as Cesar Aira and Ricardo Piglia, as well as a string
of other voices, unknown or forgotten.
This might sound like no more than a well-intentioned social project.
But Eloisa Cartonera's new editions are selling well, both in the
old chemist shop -now covered in bright red and fluorescent pink graffiti
- and in a string of more established booksellers in the city. More
than 1,000 copies of stories by Aira and Piglia have been sold, respectable
numbers in Argentina. Eloisa has helped Dani Umpi, a Uruguayan writer,
find a more established publisher. Cucurto - a cult writer in the
mould of Scottish authors such as Irvine Welsh or James Kelman - has
found his reputation enhanced.
"People wouldn't buy names they don't recognise and the sales
of better established authors allows us to print new talent,"
says Cucurto. "It is beginning to have an impact."
In less than a year, Eloisa has published more than 50 titles. In
the week of my visit, two more short stories were hot off the press.
"It is versatile. These editions come out very quickly. We can
pick up on new trends. Each one can be written, sold and circulated
in an instant," says Barilaro. "An underground publisher
like this has never done so well."
All of this raises the question of where the project is going. Cucurto
and Barilaro eschew banks, credit and copyright. Neither they nor
Laguna take a wage from the enterprise. Barilaro and Laguna get by
on sales of their art. Just as Borges once did, Cucurto works in a
public library. "We don't see this as a business - it is communitarian.
It is an applied art," says Barilaro.
But surely, I ask, there must be a common thread to the style of literature?
Cucurto's work seems innovative. "Empty Nights", a short
story I had read before this visit, is about a man from a poor area
of Buenos Aires that is inhabited mainly by immigrant workers from
Paraguay and Bolivia. The narrator - who is a kind of anti-hero -
comes alive in a dance hall dedicated to the cumbia, a Colombian dance
style that in its various national adaptations has become a kind of
Latin American hip-hop or rap. Cucurto tells of his frenzied search
for drugs and casual sex in the slang used by the inhabitants of Argentina's
slums, occasionally adding invented words of his own in an attempt
to capture cumbia rhythms in the language.
The same music - as well as an overdose of suppressed anger and aggressive
sexuality - is evident in a poem called "The Machine to Make
Little Paraguayans", where Cucurto writes about a "Dominicana
from hell / the only thing you do is suck me dry like a fig".
Cumbia is a big theme at Eloisa. Barilaro captures its atmosphere
in huge canvases based on the garish posters used to advertise dance
events. Cucurto calls it the music of the new immigration. Just as
the Italian and Spanish migration of the late 19th and early 20th
century generated tango, so the Bolivian, Paraguayan and other poor
Latin migrants who arrived in the 1990s boom have brought cumbia or
cumbia villera (a name that derives from villa miseria, used to describe
slums) as its Argentine variant is known.
None of the cartoneros are writing yet, although Cucurto says they
have been stimulated to read and pass on the books. Even so, their
life in the marginal barrios emerges as a theme in some of the books.
In a short story called "Angel Face", for example, the Peruvian
writer Oswaldo Reynoso writes about a youth trying to live up to the
unforgiving macho code of the slums. "If you want to have friends...
you have to be tough. You have to smoke, drink, gamble, rob, bunk
off school, take money from queers and sleep with whores. I've tried
it but I always get only half way. Is that because I'm a coward?"
Is there an overriding theme to the output? Cucurto and Barilaro are
reluctant to be drawn on this subject. But, after some prompting,
Cucurto is prepared to describe the project as anti- Borgesian, because
the old anglophile master disdained popular culture, football and
sex, and hated Peronism, Argentina's controversial populist political
tradition. "Borges was very European and we are Latin-American.
He ran down sex and football and Peronism, all the people's passions."
Later, though, as I read through the bag full of cardboard books I
have taken away with me, a much broader set of ideas emerged. Rosetti's
"Dreams and Night-mares" is a delicate childlike fantasy.
"Black Cat Records", by Cecilia Pavon, is a sparsely written
story of an encounter between her novelist husband and her book reviewer
best friend, who also happens to be his fiercest critic. In "Evita
Vive", Nestor Perlongher even takes a potshot at one of Argentina's
sacred cows, by describing sexual encounters of a resurrected Evita
Peron, the popular wife of the former president and founder of the
Peronist movement.
Aira's "Everything Ploughs Nothing" explores coincidence.
A writer uses the proceeds of a lottery prize won by his grandmother
to make a long-planned visit to a nondescript town in the Pampas,
where he dies. "Still Single", by Dani Umpi, is a story
of mistaken identities told through the eyes of a lonely woman visiting
a quiet seaside town. "The Pianist", by Ricardo Piglia,
is a story about a judge sent to the northern province of Misiones
to investigate two deaths in a mysterious accident who then proceeds
to fall hopelessly and unsuccessfully in love with the principal suspect.
These stories are compelling and often bizarre but all quite highbrow
in style, some way away from the daily concerns of the marginal and
poor city dweller - almost Borgesian, in fact, in their focus on themes
such as time, space, nostalgia and missed connections.
The deliberately scruffy-looking volumes may have started with an
urge to provide struggling writers with an outlet, and desperately
poor cartoneros with a few extra pennies, as well as a pride in a
new form of samizdat. But Eloisa Cartonera has been so successful
that it has already spawned imitators across the South American continent,
and other cardboard publishers have set themselves up in the Argentine
city of Rosario, in Lima in Peru and Rio de Janeiro in Brazil.
Mucho mas que libros! (Much more than books!) is the slogan on the
list of titles roughly pasted inside the back cover of each book -
as well as everything else, there's a certain aura of radical chic
hovering around this project. Ever-more enormous western publishing
conglomerates might like to take note. |
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|
| ENA
PÁGINA 12 DE ARGENTINA
Por
Silvina Friera, en diciembre 2008 |
Los marginados
En un hecho inédito, que da cuenta de "la otra globalización",
todas las editoriales cartoneras de América latina coinciden
en la publicación del libro Respiración del laberinto,
del mexicano Mario Santiago. La edición está guiada
por la coherencia ideológica: se trata de un poeta maldito
y provocador, silenciado históricamente por los representantes
del canon de su país.
Al rescate del poeta mexicano mario santiago
El homenaje a un autor que escribió en los márgenes
Las editoriales cartoneras latinoamericanas están lanzando
conjuntamente Respiración del laberinto, un inédito
de Santiago. En cada país sale con un prólogo distinto.
La edición argentina cuenta con un texto de Diana Bellessi.
Por Silvina Friera - Página 12 de Argentina
El movimiento infrarrealista, que desde su manifiesto se propuso
"volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial", tuvo
dos grandes columnas de choque: una encabezada por Roberto Bolaño;
la otra, por el "adelantado" y provocador Mario Santiago
Papasquiaro (1953-1998), el entrañable Ulises Lima de Los
detectives salvajes, cuya obra poética ha sido ninguneada
o silenciada por el establishment de la poesía mexicana.
Pocos reconocen la calidad y la originalidad de su insólita
poesía. Cuando murió, a los 45 años, era un
autor de culto para unos cuantos iniciados. Aunque con el arrebato
del grafómano había escrito más de dos mil
poemas en los márgenes de libros ajenos, servilletas y otros
papeles, sólo había publicado un libro, Aullido de
cisne (1996), y la plaqueta Beso eterno (1995), ambos de escasa
circulación.
Su leyenda de "loco literario" deambula por los desagües
de la infrarrealidad. La oficialidad aún no lo redime ni
tolera su conducta provocadora, petardista. Era demasiado intransigente,
excesivamente radical para los estómagos de los "custodios"
del canon, que siempre se reservan el derecho de admisión.
A Santiago se le escamoteó su condición de artista,
de poeta. Ese cóctel de alcohol, drogas y máximo riesgo
que formó parte inesperable de su experiencia estética
conspiró en contra de que pudiera ser digerido. Afortunadamente,
las editoriales cartoneras latinoamericanas están lanzando
conjuntamente un inédito de Santiago, Respiración
del laberinto. Cada una de las ediciones cartoneras tendrá
un prólogo distinto: el poeta chileno Bruno Montané
(Animita Cartonera, de Chile), Diana Bellessi (Eloísa Cartonera,
de Argentina), el narrador mexicano Juan Villoro (Yiyi Jambo, de
Paraguay), el poeta peruano Tulio Mora (Sarita Cartonera, de Perú),
la escritora boliviana Erika Bruzonic (Yerba Mala Cartonera, de
Bolivia), el escritor boliviano Horacio Carvhalo (Mandrágora
Cartonera, de Bolivia), la poeta brasileña Camila do Valle
(Dulcinéia Catadora, de Brasil), y los poetas mexicanos Joseantonio
Suárez y Pedro Damián (La Cartonera, de México).
"Mario Santiago es un escritor que siempre caminó por
los márgenes de la vida y de los espacios culturales, apostándolo
todo a una manera de ser creativa que tuvo como centro la poesía,
la poesía no como un hecho intelectual meramente, sino como
un gesto frecuente y fecundo ante la vida", plantea Raúl
Silva, a cargo de La Cartonera mexicana, donde surgió la
iniciativa. Los autores de los prólogos son escritores cercanos
a Santiago. Montané fue uno de los miembros fundadores del
Infrarrealismo, Mora se unió al Movimiento en la segunda
época, Bellessi conoció a Santiago y a Bolaño,
Villoro ha influido en la difusión de su obra (junto con
Montané contribuyó a que se publicara recientemente
en España la antología Jeta de santo, poemas que Santiago
escribió entre 1974 y 1997); el poeta mexicano Suárez
fundó la revista Zarazo, antecedente esencial del Infrarrealismo,
con Santiago.
La rebelión del hastío
Justo en la Navidad de 1953 nacía en la ciudad de México
José Alfredo Zendejas Pineda. Intransigente hasta con los
nombres que eligieron sus padres, el poeta decidió llamarse
Mario Santiago con el argumento de que José Alfredo sólo
había uno (José Alfredo Jiménez), y posteriormente
adoptaría como segundo apellido Papasquiaro, en homenaje
al pueblo de Durango donde nació su admirado José
Revueltas. Su apetito era voraz. Siempre tenía hambre o sed
y no podía encontrar el término medio para su saciedad.
A los 18 años había leído todos los libros,
visto todas las películas, escuchado todos los discos. Leía
sin fatiga, escribía sin pausas. Cada semana descubría
un nuevo libro, un autor. Era literalmente un energúmeno:
tenía la energía desbocada de los niños que
nunca se cansan, que siempre quieren más. Hasta leía
en la ducha, como recordaba Bolaño, a quien siempre le había
llamado la atención el hecho de que sus libros estuvieran
mojados.
El "comienzo" del Infrarrealismo puede establecerse en
el sexto piso de la torre de rectoría en la Universidad Autónoma
de México (UNAM), en el taller de poesía que dictaba
el poeta Juan Bañuelos en 1973 (retratado en la novela de
Bolaño como "el poeta campesino" Julio César
Alamo). Joseantonio Suárez, que asistía al taller,
recuerda que Santiago era el más callado, pero nada más
hasta que empezaba a hablar. "Cuando tocaba su turno se embalaba
con una vehemencia particular, y de su aparente opacidad inicial
pronto brotaba un aura violeta y rojiza, pero era tal su contundencia
que hasta Bañuelos tenía que tragar saliva antes de
contestarle la perorata –señala el autor del prólogo
de la edición cartonera mexicana–. Yo no daba crédito
del manantial que Santiago traía consigo para 1973, cuando
tenía apenas veinte años; ya estaba cristalizado con
una voz propia, con un estilo, con su lenguaje definido. Sin ninguna
duda era un artista. Un poeta maldito."
Los que concurrían al taller de Bañuelos –uno
de los "dinosaurios" de la poesía mexicana–,
Héctor Apolinar, Santiago y los hermanos Ramón y Cuauhtémoc
Méndez, rechazaban la dinámica del taller de lectura
y crítica mutua entre los estudiantes. Un día uno
de ellos se cansó y se salió de la vaina. Una tarde
de principios de 1974, Santiago se presentó con una hoja
en la que traía redactada la renuncia de Bañuelos,
donde el maestro se autoacusaba de "menopausia galopante"
y otras lindezas para dejar el puesto. Aunque el vilipendiado tallerista
terminó firmando su propia renuncia, las autoridades de la
UNAM alegaron que no podían echarlo y "negociaron"
con los díscolos el financiamiento de una revista, Zarazo,
que incluyó textos de los beatniks, del grupo de poetas peruanos
Hora Zero y de los miembros del taller. Pero al final todo resultó
un "fraude": la edición la costearon de sus bolsillos.
En vez del dinero prometido, las autoridades de la UNAM expulsaron
a los rebeldes y les aconsejaron que no volvieran a pisar los claustros
universitarios.
La expulsión los fortaleció. Ahora ellos mismos impondrían
las condiciones de un taller móvil, nómada, al margen
de cualquier institución, que empezaba con las largas caminatas
que emprendían por el Distrito Federal, seguía con
la lectura de toda la poesía que caía en sus manos
y terminaba con las trasnoches bajo el paraguas del Café
La Habana (entre las calles Morelos y Bucarelli, que Bolaño
reinventó en su novela como Café Quito), donde bebían,
recitaban y discutían sus textos unos con otros. Allí,
en La Habana mexicana, se cruzaron por primera vez el escritor chileno
y Santiago. "Antes de que me lo presentaran, en las puertas
del Café La Habana, oí su voz, profunda, como de terciopelo,
lo único que no ha cambiado con el paso de los años.
Dijo: 'Es una noche a la medida de Jack'. Se refería a Jack
el Destripador, pero su voz sonó evocadora de tierras sin
ley, donde cualquier cosa era posible. Todos éramos adolescentes,
adolescentes bragados, eso sí, y poetas y nos reímos",
rememoraba Bolaño.
A fines del '75, en la casa de otro chileno, Bruno Montané,
los poetas, alertados por las enemistades que habían conquistado
al combatir a uno de los próceres de la poesía mexicana,
entendieron que era hora de atacar con todas sus armas y decidieron
crear un movimiento de vanguardia poética. En una ceremonia
informal se inauguraba el Movimiento Infrarrealista. Inspirados
en los beatniks, el surrealismo, la patafísica, en rebeldías
poéticas latinoamericanas como el nadaísmo y el grupo
del Techo de la Ballena, los infrarrealistas tomaron por asalto
las lecturas, conferencias y recitales de la rancia república
de las letras. Los infras reivindicaban sus sabotajes a las lecturas
de Octavio Paz, centro del canon poético y enemigo público
número uno del movimiento. Según Montané, Santiago
era "el primero que saltaba dando gritos en los recitales de
los delfines de Octavio Paz para interrumpirles blasfemando irónica
y cariñosamente como si hubiera querido remedar el equívoco
que aquellos poetas habían cometido con la poesía.
Acto seguido, con una voz pausada, grave y admirable, se ponía
a recitar sus propios poemas". Cualquier cantina, cervecería,
esquina, hasta los vagones del metro y otros lugares públicos
fueron los escenarios elegidos por los infras para leer su poesía.
Apocalipsis y terrorismo cultural
Los poemas de Santiago, complejos, con referencias clásicas,
eruditas, y locuciones populares mexicanas, redactados buscando
la estética de los signos como los caligramas de Guillaume
Apollinaire, "nos despiertan el asombro por su inigualable
cualidad de reproducir signos, imágenes, reflexiones de los
apareamientos más bizarros: los grandes paradigmas culturales
(representados por pintores, cineastas y filósofos en Respiración
del laberinto) con el erotismo y la jerga urbana", subraya
Mora. Bellessi plantea en su prólogo que leyendo al poeta
mexicano vuelve a sentir la intensidad de estar en el mundo. "Lo
que importa, y eso ha logrado Mario Santiago en su poesía,
es empujar la chispa de la comunal hoguera humana más lejos
y más alto, para que vuelva luego al núcleo que todos
compartimos, al puño de ceniza o al poema cerrado en su opacidad
que se abre, como un ojo, al lector cuando se acerca a él,
y arde. Porque arde esta poesía en su viva materia."
En una entrevista que le hicieron en el diario El Financiero, en
marzo de 1995, ante la pregunta de si la poesía necesariamente
molesta, si es transgresora, el autor de Aullido de cisne respondía:
"A las moscas les pica la luz, a las lagartijas las calienta.
La poesía es psilocibina ardiente. Cantar Sympathy for the
Devil a la luz de la luna más hiena. Exactamente como dijera
el poeta eléctrico Michael Bulteau: 'Arrodillarse en la boca
crispada de las hadas'". En esa misma entrevista admitía
que se había enfrentado con José Emilio Pacheco y
con Carlos Monsiváis. "Nadie me quiere dar trabajo –se
quejaba Santiago–. Dicen que yo saboteo recitales. Dicen que
los infrarrealistas golpeamos a la gente. Y los imbéciles
alegan que yo no sé escribir. Puta madre. Yo soy l'écrivain.
Pero eso no importa." Antes de que se fundara el infrarrealismo,
uno de los primeros poemas del mexicano se publicó en la
Argentina, en un dossier de la revista Crisis de mayo de 1975 sobre
nueva literatura mexicana. "Ejerce el terrorismo cultural.
Sus numerosos recitales de poesía han sido tachados (por
amigos & enemigos) de apocalípticos", se lee en
la ficha biográfica..
"Su poética nos ofrece la sensación de que aquello
que llamamos realidad, y la necesaria percepción para mirarla
y vivirla, viven la experiencia y el gozo de un nuevo esplendor,
una rara, alimenticia y desconocida luz –explica Montané
en su prólogo, titulado 'Estupefacción'–. Tanto
su sensibilidad, que no pocas veces resulta sensual, alucinada y
tierna, así como su bronca imaginería, se vuelcan
en la creación del poema a la manera del que rastrea y huele
calles interminables, paisajes que se derraman sumergidos en infernales
y turgentes claroscuros, entre destellos de una claridad que todo
lo baña hasta inducirnos a un inédito encandilamiento.
En sus poemas permanece la voz de un convencimiento radical y primigenio,
una voz que una y otra vez nos asiste en el intermitente pulso del
poema que no cesa de crearse mientras lo leemos. Es en este aspecto
donde veo a Mario como un poeta extrañamente singular, un
poeta que brilla solo en lo alto de un iceberg frente a una fogata
que amenaza con apagarse, pero que él cuida como un padre
a sus más extraños hijos, como un poeta que cuida
el fulgor, el largo silencio, el hirviente y seminal ruido de su
poesía." Los poemas de Santiago derraman sobre los ojos
de los lectores una luz y un temblor desconocidos: "Ya he estado
aquí/ sin haber estado".
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| LAS
EDITORIALES CARTONERAS: CREADORES ANTE LA CRISIS
Por Tomás Eloy Martínez,
en La Nation, Marzo 2009.
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Boca
iba a perder ante Newell´s Old Boys en la Bombonera la tarde
del sábado 14 de febrero, pero en vísperas del partido
nadie podía imaginarlo. Los devotos llegaban al estadio con
la ilusión de festejar, las banderas en alto, las gargantas
inspiradas. Turistas de Israel, Brasil y Alemania peregrinaban desde
el cruce de la calle Brandsen y la avenida Almirante Brown, donde
por unos pocos pesos se hacían fotografiar abrazados al imitador
de Diego Maradona, un muchacho fornido y de rulos que lucía
una camiseta de la selección argentina con el número
10. Al pasar por lo que fue un garaje y ahora es un escaparate con
más colores que los del espectro solar, en el número
467 de la calle Brandsen, un turista ya calcinado preguntó
si la entrada al estadio era por ahí. "Por acá
nomás, rubio; derechito, sesenta metros", informó
la Osa, servicial, mientras ofrecía: "¿Te pinto
la cara de azul y oro? A voluntad, ¿eh?". El muchacho
aceptó un corazón con los colores de Boca en cada mejilla
y le extendió un billete de diez pesos. "¿Esto
es un comedor?", preguntó, apuntando con el índice
a una larga mesa tendida en la vereda, a la que se sentaba una decena
de personas, cada quien con su plato de pastas. "No, chabón.
Esta es una reunión de Eloísa Cartonera. Somos una cooperativa;
hacemos libros con cartón. Pero aquí, al lado, te podés
comprar un choripán riquísimo."
La Osa vende a bajo precio su excelente arte gráfico, pero
no acepta pago alguno por las maravillas de su cocina, los tallarines
caseros con estofado que preparó para agasajar a un grupo de
amigos de visita en la editorial independiente que la liberó
de sus idas y venidas por la ciudad de Buenos Aires para revisar las
bolsas de basura. "Por Coronel Díaz yendo a Santa Fe,/juntando
cartones, papeles, pedazos/ de viejos diarios, botellitas, plásticos,/
iba solita, toda pintadita/como una muñequita entre las basuritas",
escribió Washington Cucurto en "La cartonerita",
un poema sobre mujeres como Miriam Merlo, nombre con el que la Osa
nació en el Chaco hace veinticinco años. Esta semana
ha regresado a su tierra para difundir los libros de Eloísa
en la Feria del Libro Chaqueño y Regional.
La Osa cambió el carrito que empujaba en las calles por los
cortantes, los esténciles y las témperas con que produce
tapas para los libros de "la editorial más colorinche
del mundo", según Cucurto, autor de Cosa de negros y El
curandero del amor y uno de los fundadores de Eloísa Cartonera.
Otras mujeres y otros hombres -y otros niños, tristemente-
venden su cosecha de cartones en este pequeño local de la Boca
a un precio cinco veces superior al que los intermediarios del reciclaje
pagan por kilo.
Eloísa Cartonera es una comunidad artística y social
que ha hecho por las personas marginadas de la sociedad de consumo
mucho más que las políticas municipales y nacionales
que se sucedieron desde el cataclismo económico de 2001. Una
ley dice que los cartoneros son trabajadores, pero lo que la ley les
concede es sólo un carnet, un par de guantes y una pechera.
Para protegerlos, se ha dispuesto por decreto la creación de
centros verdes, donde podrían separar sin riesgo los cartones
de los vidrios que se arrojan a la basura, pero los centros verdes
siguen siendo letra muerta. Reunidos en cooperativas, los cartoneros
tienen derecho a recibir del gobierno de Buenos Aires un carrito con
ruedas y 200 pesos. María Gómez, estudiante de comunicación
social y agitadora partícipe de la editorial, enumera esos
reflejos públicos tan escasos para la magnitud del sufrimiento.
Ofrecer la oportunidad de una vida digna parece ser demasiado para
el Estado. Los cartoneros, por eso, ya sólo confían
en sí mismos y en la fuerza de sus ilusiones. Aquel sábado
candente de La Boca pude advertirlo en la pasión con que Ricardo
Piña me mostró la pequeña impresora Multilith
550, de la que salen, en pequeñas tiradas, los interiores de
los libros. Lo vi también con claridad en la esperanza con
que María espera el regreso de las hermanas Carolina y Celeste
Portillo, que están ocupadas en la escuela y en la atención
de dos hijas pequeñas.
Lo que para los funcionarios quizá sean sólo estadísticas
sin alma, aquí son todas historias, nombres propios, seres
humanos que dejan en la ciudad la sombra de sus felicidades y sus
desventuras. Conocen a la perfección los libros que publican
y, cuando los venden, nunca es a ciegas. Segura de sí, la Osa
me recomienda El atravesado , un relato del colombiano Andrés
Caicedo, que se suicidó a los 25 años en su Cali natal.
Me habla de un libro anterior de Caicedo, ¡Que viva la música!
, y de la inesperada celebridad póstuma del escritor.
La editorial nació como un recurso de la imaginación
ante la crisis. El artista plástico Javier Barilaro y Washington
Cucurto hacían poemarios ilustrados en cartulina, pero debieron
interrumpir su trabajo de un día para otro cuando la devaluación
de la moneda llevó a las nubes el precio del papel. La idea
de la editorial lo iluminó a Cucurto en 2003, cuando los cartoneros
eran ya inseparables del paisaje de Buenos Aires.
"¿Quién más, sino nuestro editor atolondrado?",
dice María. La escritora Fernanda Laguna consiguió un
local en el barrio de Almagro, donde se inauguró la cartonería
No Hay Cuchillos sin Rosas, y Cucurto pidió a varios autores
la cesión solidaria de sus derechos para comenzar. "Buscamos
material inédito u olvidado, pero también de vanguardia
y de culto", dice. Uno de sus éxitos (casi mil ejemplares)
fue el inédito Mil gotas , de César Aira, a pesar de
las protestas de Victoria, una anciana cartonera que detestaba al
autor. El propio Cucurto se ha convertido, también, en un autor
de culto. Su nombre se repite en los congresos académicos de
los Estados Unidos y al menos cinco estudiantes de doctorado escriben
tesis sobre su obra.
Eloísa Cartonera se ha anticipado a muchas de las editoriales
grandes en el descubrimiento y la difusión de autores que luego
se vuelven importantes. Vende sus libros a bajo precio, en ediciones
destinadas a ser joyas de coleccionistas. Ninguna tapa es igual a
otra. Todos los ejemplares son únicos. En el catálogo,
de más de 120 títulos, asoman Fogwill, Arnaldo Calveyra,
Mario Bellatín, la mítica Salvadora Onrubia, Fabián
Casas, Juan Diego Incardona, Marcelo Cohen y Haroldo de Campos. La
línea para niños es breve, pero algunos títulos
se mantienen en continua reimpresión: El sol albañil
y Las casas del viento , de Ernesto Camili. Esta literatura latinoamericana
encuentra a sus lectores en el taller de La Boca, en ferias del libro,
en quince librerías. Les gustaría obtener permiso para
instalar un puñado de puestos en las calles, dice Cucurto:
"Nadie nos sostiene, y si no vendemos, no podemos producir. Pero
si vendiéramos más, podríamos generar más
trabajo".
La mezcla de función social y animación literaria generó
una ola de editoriales similares en América latina. Primero,
en 2004, fue Sarita Cartonera, en Perú: Sarita es el nombre
de una santa que la Iglesia no reconoce, pero a la que el pueblo cree
patrona de los marginados. Luego siguió Yerba Mala Cartonera,
en Bolivia. En octubre la Universidad de Madison, Wisconsin, organiza
un encuentro de editoriales cartoneras. "Será la primera
vez que nos veamos todos", cuenta María. Allí estará
Animita Cartonera, la idea de un grupo de estudiantes de literatura
de la Universidad Diego Portales, de Santiago de Chile. La serie continúa
en México (La Cartonera y Santa Muerte), Paraguay (Felicita
Cartonera y Yiyi Jambo) y Brasil (Dulcineia Catadora).
Los despojos de la crisis hicieron que alguna gente se sintiera nada,
nadie. Privada de sus derechos básicos, supuso que esa nada
la desplazaba de un mercado en el que sólo vale lo que se puede
comprar o vender. En vez de resignarse, buscó y buscó
en todos los rincones de la imaginación hasta que encontró
cómo sostener su ética de vida con trabajos que antes
no habían sido explorados, incorporando al mundo objetos nuevos
que generan valor, empleo, producción. Ese camino es duro,
pero otorga la invalorable libertad que se pierde al engrosar las
filas del clientelismo político. Otorga libertad y, sobre todo,
deja espacio a la alegría. Hasta ahora, la Osa no ha logrado
reunir el dinero que necesita para a ver un partido de Boca, pero
descubrió que hay sueños alternativos igualmente bellos,
como Salón de belleza , el libro de Mario Bellatín,
que es su favorito, y cuyas tapas ha hecho muchas, amorosas veces. |
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en Diário Perfil
CADA LIBRO CARTONERO ES COMO UN TESORO
por Magdalena Ruiz Guiñazu, en Mayo 2009 |
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[clic acá para descargar
el archivo con el reportaje completo]
Una visita a un taller donde un grupo maravilloso de once personas
trabaja con alegría en una editorial cooperativa fabricando
libros con cartón reciclado. “Todos hacemos todos”,
destacan, y sugieren que el Estado financie emprendimientos similares,
en lugar de dar planes “indignos y parasitarios”.
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Cae el invierno
sobre Buenos Aires. Todavía hay sol en las calles de La Boca
y al 600 de Brandsen la gente de Eloísa Cartonera no detiene
la actividad del taller mientras conversamos. Miriam mezcla con
destreza pinceles y colores que iluminarán las tapas de los
libros; en la vereda, Ricardo y Juan ensamblan cartones y arman
los cuadernos que, luego, pegarán en los interiores de las
tapas a la vez que Cucurto, diestramente, también entremezcla
cartones y colores.
—Mirá –explica María Gómez sin
dejar los pinceles–, nosotros somos una cooperativa y “todos”
se hacen cargo de “todas” las tareas. El proyecto nació
en 2003, cuando Cucurto, Javier y Fernanda (diseñadores y
artistas plásticos) comenzaron a hacer unos libritos muy
lindos de poesía con cartulinas de colores. Después
de la crisis de 2001, bueno… las cosas estaban muy mal y el
tema se complicaba, por los precios…(sobre todo el del papel).
Resultaba difícil seguir publicando esos libritos. Sin embargo,
ellos siempre habían tenido la idea de utilizar el cartón
para hacer libros. Ese momento fue, entonces, la oportunidad. Ya
no podían continuar su proyecto pero querían, como
fuera, seguir editando poesía…
Mientras María relata la historia del grupo, nadie ha detenido
su actividad. Ocasionales compradores hojean los libros; junto a
la vidriera hay una activa y antiquísima imprenta alemana
(“tiene 30 años pero todavía nos sirve”)
y los chicos ahora han invadido la vereda mientras vuelven de la
escuela.
Miriam y Cucurto han abierto pomos con colores “fluo”
y también María, pincel en mano, aprovecha para agregar
unos toques al cartón en el cual ya se distingue el título
del libro.
—Esto es así siempre, sonríe María, como
te dije, todos hacemos todo pero en ese 2003 fue cuando al grupo
se le ocurrió usar el cartón de la calle para las
tapas. Los libros empezaron a gustarle a la gente. Varios periodistas
se interesaron por el proyecto y mis compañeros decidieron,
además de fabricar los libros con el cartón que les
compraban a los cartoneros, que fueran los mismos cartoneros los
que vinieran aquí a fabricar los libros. Algunos llegaron
de Fiorito. Otros, de distintos barrios, y ahí el proyecto
empezó a tener una forma más afín a la organización.
Después la convertimos en cooperativa. Fue y vino gente.
Y empezamos a crecer como es lógico en la vida de una cooperativa.
En las paredes hay posters. “Eloísa, la editorial más
colorinche del mundo”… “Mucho más que libros”…
“Elaborados a mano…”.
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