¡Washington Cucurto Exclusivo!
HASTA QUITARLE PANAMA A LOS YANQUIS
novela por entregas semanal

Machista, negro chismoso, en este bodockito metalinguistico y arrabalero nuestro heroe nos ingresa en el mundillo de un levante callejero, al mejor estilo de un macunaima del rioplatense, somos voiyeurs de sus cruentos "jugueteos" con dos pimpollitos paraguas dulces y entretenidas. Bajo la luz de las luces de la plaza constitucion, con la complicidad de sus bancos y el bochinche insoportable de los buscas ambulantes nuestros heroe cumbiantero se enamora tilindulce de Cielo Namuncurá, la nueva dueña de su corazón en esta noche. ¡Un verdadero manual del levante callejero moderno!

Dos paraguayas
Al otro día a mí no me suspendieron y a Domingo Gonzales lo pescaron transando con los proveedores, con un flete de Durañona Hnos, sacaba televisores y videograbadoras. Esa mañanita desolada de un domingo de fin de semana largo que lo cazaron pensaba llevarse 35 lavarropas Wirpool de ultramodernidad, qué bestia, cómo no iban a darse cuenta si para la ocasión trajo un mionca verde larguísimo de Mudanzas Verga Hnos. Los cachorros de sabuesos sospecharon y le pidieron el remito del pedido y no lo tenía.
 
Aún así, el gordo le hizo la seña al camionero que arrancara y salió flipando en medio de un ruidaje infernal de unos quince lavarropas que cayeron a la calle sonando como latitas de sardinas. Lo echaron y no le pagaron nada. Cuando se dieron cuenta que faltaban 20 lavarropas y no sé cuanta cantidad de televisores, heladeras, minicomponentes y otras porquerias, les mandaron un patrullero. Tarde, en la zapie del hotel había sido entregada en perfectas condiciones, esa era su marca. Todo queda en “Perfectas condiciones”. Un ser pulcro, ordenado, peinado hasta el detalle que ahora debe andar estafando gente por el Norte, allá, de donde era, Palpalá, Orán, Villa Encarnación. Todos estabamos tristes con su despido, el gordo era terrible, el único que daba la cara y traficaba comida de una seccion a otra.¡Domingo qué hijo de remil vagones de putas eras, como traías supremas de la rotisería! Ojo, Top Rainger, cómo te jugabas las manos. Se fue, como todos nos iremos un día de este infierno moderno de góndolas y gente-estúpida-compra-porquerías. ¡Shera’ato, la salida nos estaba esperando Domingo! Fuimos a jugar pool, tomar unas cervezas y a mirar dominicanas a Constitucion. Eran las ocho de la noche. Domingo, como despedida nos dijo que nos portaramos bien, que no hagamos cosas malas. Nos contó sus planes: poner una casa de “artículos electrodómesticos para el hogar” en Lanús Oeste. SAcó un billete de 100 pesos, por aquel entonces, eran 100 dolares y pagó lo que habíamos consumido. ¡100 dólares man! Cuánto pueden vivir con ese dinero en sus países de origen los paraguayos, peruanos y dominicanos que llegaban sin parar al país creyendo en la famosa Revolución Productiva que tenía como arma principal la compra a crédito y el peso en igualdad con el dolar.
-Esto es una farsa muchachos, que en cualquier momento se corta. Guarden los pesitos, compren dolares que en cualquier momento el dolar pega un repunte y no lo alcanzamos mas. ¡Compren dólares!, fueron las ultimas palabras que nos dijo y se desapareció dejando el billetito en la mesa del barcito de la calle Salta.
-Ma qué dolares ni ocho cuartos, hay que hacerle el aguante a la moneda del país de uno, mandó Pato bajándose el último trago de cerveza que quedaba en la mesa. El mozo trajo 20 pesos de vuelto, ¡20 dolares!
-Mas cervezas, gritó borracho Soruco y soltó un delirio, tendríamos que asociarnos y armar una fabrica de cerveza. Una cerveza nueva, le inventamos un nombre, mandamos a imprimir las etiquetas y chau al horrendo Carrefour de mierda.
-Para eso se necesita mucha plata...,Tyson-chico.
-No, nada, dos licuadoras, tres kilos de naranja, a las etiquetas las robamos del sector Decoración, robados un bidón de alcohol de quemar lo mezclamos y listo. Salimos a vender.

Pato y Soruco se volvieron mamados por una calle oscura, andá a saber cómo habrán terminado. Con esos morochos nunca se sabe. Tyson-chico se durmió llorando en una mesa, borracho, mientras un punga le desabrochaba el reloj de la muñeca con manos de duende. Yo me quedé solo, mirando, soñando con un poster de la República Dominicana en el cual unas negras infernales nos mostraban sus culos divinos. Sonaba... ¿qué bella y gran canción sonaba? Ah, yes, síito, Si no te hubieras ido sería tan feliz, en la voz de Antonio Solis, lo mejor de México. Me paré y me fui al Bronco con mi amigo paraguayo Cecilio Cifuentes. De nuevo al Bronco. En la tele de un maxikiosco Cavallo, el superministro decía que había que pagar puntuales las cuotas de la deuda.¡Irachuore! ¡Concha tu tía Cavallo, a los yanquis hay que ponerles una bomba y quitarles Panamá! Panamá!... Ahorita me acuerdo de todo, se me ilumina el marote como con una bombita philips de mil voltios, sí, Panamá, eso le dijiste vos Cecilio a las dos tickis que andaban de la mano por Salta, fue lo único que entendi porque a ese paísito le siguieron tres o cuatro palabras en guaraní. La cuestión es que las tickis se rieron, dieron el visto bueno, aprobaron nuestra companía y yo me prendí al rebaño. Super hazaña pos iban directo al Bronco, y les cambiamos el camino por una sentada en una plaza con dos cucuruchos. Fuimos a sentarnos en unos bancos de la Plaza Constitución, qué super milagro, sacar a dos tickis de las garras del Bronco y empujarlas para nuestro alambrado, que eso nadie lo hace,ni Arnaldo André ni Alberto Migré, viva la rima tonta, facil y simpaticona como estas dos tickis que no dejan de lenguetear el cucurucho de kinotos al whisky y chocolate granizado, una, y la otra, la que me gusta amí, limón, crema del cielo con cereza. Lengua y risas, jiñ. jiñ, ji. La alegría total, la felicidad de la vida, estar sentado conversando con estas dos ovejitas de ojos brillantes, desconfiadas hasta la médula, pero con naturaleza de confianzudas y con unas ganas locas de confiar... El olorcito de sus pelos mojados, sus polleritas baratas del Once, sus zapatitos de cuero barato, sus relojitos de juguete con la cara de mickey haciendo gala a sus hebillitas de 5 X 1 peso, que venden los vendedores de los trenes. Cuánta raza, cuanta belleza acumulada sin querer, sin tener donde ir a parar y van a parar a la humanidad de estas patricitas, marissitas, miriamcitas queridas. La noche cae, la tarde desaparece, no puede ser de otra manera. Las primeras sombras de la noche asoman sobre las baldosas como manchas de meos de borrachos. ¡Y tal vez sea algún borracho que nos mea subido a un árbol! Les hicimos de todo, para qué contar, cómo no voy a contar guainos, si es lo unico que merece ser contado, cómo no vas a fanfarronear negrito atorrantón si todos estamos desesperados, alzados, con la tranca al mango de que nos digas lo que le hicieron a esas ovejitas descarriadas que perdieron el redil. Cecilio hablando, tal vez cantando en guaraní se la llevó a la mas pequeña, la que me gustaba a mí, hacia unos árboles y vi como le subia la pollerita mas berreta imposible hasta el pecho y ella lo abraza con fuerza, sí, con los piecitos en punta y la colita vuelta al aire sátiro de la noche cumbiantera de Constitución. Una negrada pasó por la vereda y silbaron, dijeron cosas, soltala petiso orejudo, y vos, fea, no te buscaste uno mas feo, o cosas, a vos te conozco del telo, usá triple forro; o quizas me lo imagino que dijeron de la calentura que tenía o efectivamente las dijeron a esas palabras y mas, pero dirigidas a mí y no a él que estaba bien escabullido, protegido, camuflado, como soldadito salteño en las malvinas entre las ramitas pobres de aquel viejo euliptero. Sí, de parado, nomás nació el amor, así porque sí, como esa estrella gillete platinum plus brillando sin motivo del lado de Avellaneda. Sin decir agua va, ni pedir permiso se la enchufó bien adentro y sin forro (Cecilio si le hubieras hecho caso a la negrada y te hubieras puesto un forro, no te morías). La reventaste, lahicité sonar contra un tronco humedo que suelta sus cortezas negras al piso. Las piernas conchudamente abiertas parecían una hondera. ¡Noo!, una, como, carajo decíamos alla en el monte de berazategui? una gomera pa tirar dardos enflujados de muerte, de sida, o sifilis o lo que sea que siempre a la larga es lo mismo, causa el certero y mismo mal, causa el mismo y certero bien al llobolsi del farmaceutico que te arranca la cabeza con dos pichicatazos de penicilina triple y se te salvás vas al Garraham a rezar. Y después no vi mas, sentí... que ella la que no me gustaba pero ahora me calentaba, me acariciaba la bragueta con un dedito fuerte y me miraba fijo.
-¡Qué parecido sos a Muhamed Alí! Sos re lindo y te quiero, le dijo la ticki con ternura, sintiéndolo, completamente enamorada de remate.
-Yo también –el negro- te quiero mucho.
-Amor mío, que grandote sos, igualito al arquero de la selección paraguaya, José Chilavert, le dijo ella obnubilada por sus fantasias de comparaciones sin sentido.
-Y vos sos re parecida –le dijo el negro aprovechando y subiendosele encima, crujió el banco de zapla- a Suni Castiñeira.
Ella abrió las piernas con delicadeza y se corrió la bombacha dejando en pelotas, al aire libre de la noche, su conchita expectante. Parecía la boca de un sábalo recién pescado.
-Tenés la conchita igual –dijo en segunda instancia el negro, fanfarrón, pasandole un dedo ensalivado por entre los labios peludos de la concha- a una flor de las lagunas del Amazonas.
Antes de recibirla, de disfrutarla toda adentro, empezo a mover y a empujar como loca, desesperada por sentirla toda adentro. Gritando, cirquera, sin importarle un pomo nada de nada. Si al fin y al cabo, lo único que importaba en la vida era esto, sentirla toda adentro, sentir al macho subido arriba completamnete incómodo, dando veegazos y recibiendo conchazos con la misma rapidez e intensidad.
-Cómo te llamás –la atorranta- de que signo sos.
-Norberto, de Leo, dijo agitado buscando la forma de ponerse mejor sobre el banco pa enterrarsela a fondo.
-Yo me llamo Cielo Ñambucurá,encantada.
-Encantado, dijo el negro y le acabó un lechazo serenísimo, guancongado, parmalateado adentro...
Estuve un poco incomódo se la metí hasta la mitad nomas y me contó que el novio la tenía muy parecida pero mas gorda y negra y me mostró con los dedos el tamaño de la del novio. Shera’ato! Volvió Cecilio con la niña abrazadita. Se agarraron de la mano entre las dos y se fueron directo al Bronco, riendose suave, jiñ, jiñ, ji. Adios amiguitas queridas, nos vemos en un cacho adentro del baile. No bailen con negros feos, eh.
-Cecilio, qué les dijiste de Panamá?, le pregunté intrigado. Ceci rascandose los huevos, y llevandose los dedos a la nariz, qué rico olor a concha que tengo, sentí, olé, mirá. Puse sus dedos en mi nariz y aspiré hondo la mejor cocaína del mundo de la bailanta, la conchita de una bailantera. Le dije, que por ella, era capaz de quitarle Panamá a los yanquis. Y ella entendió? ¡Qué va a entendé! Creyó que le estaba diciendo “panambí mas hermosa que una actriz yanqui”. ¡Hirachuore!

Bueno después de este desbande plazolesco, paturuzesco y demás continuamos mis queridas lectoras, que ustedes también han de tener algo tickesco adentro, no me digan que no. Miren, les guiño el ojo y queda entre nosotros. Cecilio me dio un empujón y nos fuimos, ahora sí, directisimo al Bronco. Volver de nuevo a la vida alegre. Y adentro con quién nos encontramos de nuevo. ¡Inveguerovible! Sí, con la doña churra del amigo de mi padre y su hija meta girar abrazadotas como gallinas a un par de negros fiesteros que no valían dos pesos. Yo desde un costadito de la pista, la cabeceaba y le sonreía, me reconocío y corrió a mis brazos. Su hijita no se larga del cumbiero que tenía al lado. Muy apretadito temblaba y sudaba entre el pecho del morochazo giganton que no dejaba de darle vuelta y vueltas y apoyadazas. Una bailantera sabe quien la apoya mejor, porque sienten el calorcito y aí se quedan como gallinas. ¡Miss Lambaré!.. Saben quién será el cocinero de su cuerpo. ¡Haúta!
Kuera Kuerapé. Cecilio me dice al oído que buenaza esta la veterana, kuera. Y yo, sí, yo bandidote, la agarro y la hago girar a toda sonrisa y cantando fuerte los temas que sonaban. Y gira y gira y ya la aprieto y la viejarda siente el bulto, se desespera, y la apoyo mas, casi que le atravieso su vestidito de cretona y le pongo la pija bien en medio de la cajeta, la puerteo con todo y siente y gime y la apreto mas y le empiezo a dar besitos en el cuello y unos lenguatazos en la boca y ya la tengo, no la largo, la asfixio, la apreto mas. Sentís, como me pusiste? Y ella, sí, sí, esta enojado. Nuestros corazones saltan mas que piojos y la transpiración explota de nuestros poros como bombuchas de carnaval. Mojados y excitados. Giramos y giramos. Salgamos dale. ¿Y mi michina?, dejala que es grande y esta bien custodiada. No, es michinita todavía. Hagamos así: salgamos nos tomamos algo y volvemos a entrar. Vayamos a la Central, abierta las 24 hs. Decile que vas a tomar algo conmigo y se encuentran en la pista dentro de una hora. ¡Sí! Picó, qué picó, la vieja quería cojer mas que yo. Salimos y ninguna Central; directo al telo de enfrente del baile. Unos besos terribles en la pieza unos abrazotes de amor total. Y al fin logro tirarla a la cama, la desnudo toda, le chupo los pezones bárbaros, enormes, gorda, pero caderona y con un culo fofo. Aprieto con mis manos negras los rollos de grasa de su panza. Foca divina con dientes de plomo. Se pone sola en posicion cabra y a bombear. Culeamos una hora por reloj, grita desesperada. Le encanta. Tiene 63 años. Y Don Rosalino?, está trabajando, él me deja venir igual al baile para sacar a la nena que se aburre. Nos vestimos y salimos y a quién coños encontramos en el pasillito del telo, con el pelo mojado, recién bañada. ¡A la minima inocente de su hija! Con la furia animal que solo una madre puede tener, sonaron las cachetazas rojas, punzantes, exactísimas... El negro que estaba con la niña desapareció y yo detrás de él. Y acá repito algo que siempre digo, cuando las papas queman no queda nadie, todos se borran, en las malas te quedás solo, frío y sin música. ASí quedó la paraguayita que había sabido engañar por una noche a mi corazón.

Vuelvo al baile un poco triste. Son las 4 y 45. Todavia tengo media hora, veo a Cecilio bailando con unas guainas de quince años. Estoy cansadisimo. Eh, kuera, venga que le presento estas chiquititas , dice. Qué amiguitas, Cecilio. Sé que no hay tiempo y me tranquilizo. Me dedico a preguntar nombres y pedir números de telefonos y horarios de salidas de trabajo para armar un paseíto por el parque y después telo y camaastro. Y a contar las estrellas.

No hay tiempo de nada. Chaucito. Chaucito chicas, nos vemos el viernes que viene. Y nos vamos abrazaditos con el Cecilio, hermanazo mío, otra pata de mi alma, y desde la esquina del salón a metros de la puerta nos damos vueltas y les levantamos la manito, enamoradísimos y ellas también. Se dan vuelta y se pierden en el muchedumbraje cumbiantero, mientras dos grandotes ya las siguen, ya les llenan la cabecitas de promesas imposibles y mentiras que nunca serán verdades...

Enamoraditos, lagrimeando por las tickis queridas que dejamos en el Bronco, nos volvemos a la parada del bondi abrazaditos, con fuerte aliento a Condorina. En nuestros jeans empapados de cerveza y transpiración se vuelan las letritas de la cumbia que nos quedaron pegadas. Y así vamos por una calle sin alma, soltando palabritas, melodías, de la ropa. Volvemos por Salta llena de borrachos vomitando, parejas peleándose. De no sé donde aparece un auto y frena de golpe y bajan unos caquis con armas y nos arrinconan contra la pared. Nos pegan en la nuca, nos tiran de los pelos. Nos asustamos, nos tiran al piso y nos patean, nos revisan los bolsillos, los documentos, ven que no tenemos nada. Nos levantan de los pelos y con una patada a cada uno nos dan el raje. Gritan que nos vayamos antes que nos peguen un cuetazo a cada uno. Corremos hasta la parada del bondi y subimos a cualquier micro.

Volvemos al super remolidos, son casi las siete de la mañana. Tardísimo. Otra vez la gondola, armo rapido me pongo la campera azul de congelados y me echo a dormir, hasta las 11 de la mañana. ¡Vega, Vega, donde carajo estás!,me grita Carlitos Nuñez. Y yo durmiendo requemado entre los vacios al fondo escondido en el dock.
¡Acá estoy concha tu tía, que carajo querés, dejame tranquilo!, le digo despacio pa que no me escuche.
 
¡Acomodate esos vacios y subí a la oficina que vamos a hablar. Acomodo muerto de sueño, bostezando, con la cara llena de lagañas y, ¿quién me toca el hombro? ¡Miriam, la dulce!; la turca, la balancera de mis sueños, requeteamable. Se me va todo el cansacio y el sueño, todo brilla esta mañana horrible para mí, cambia todo mi interior. Yo, sensibilizado, oso baboso con caperucita al lado:¿Que necesitás, Miriam? Y ella, con esa vocecita que me derrite, que me manda a las estrellas de un solo aliento. Me mandaron traer frutas secas para reponer en el exhibidor, castañas, nueces, higos, peras, uvas secas, almendras de caju, porotos... La ayudo a buscar, nos agachamos, por un segundo se tocan nuestras manos, nos miramos, yo acerco la trompa y ella su trompita pintadita con olor a Frambuesa Arcor, ideal pa hacerme un superpete, me digo para adentro. Y venga, un besito apenitas pa engallinar la piel, pa no molestar, desfile nomás compañero, un besito pa despabilarme y pa que vuelen los pajaros. Un piquito sentimental. Miriam... Miriam... que
lindo es el dock y las castañas de caju con vos cerca. Que lindo te queda tu uniforme rosa... Se levanta y se va con su cajoncito lleno de porquerías secas que van a morir a las tripas de las viejas conchetas y conchudas de este barrio de milicos del Carrefour. La miro alejarse con su pelito raya al medio y sus colitas, y su delantalcito planchadisimo, impecable, y sus timbos blancos del supermercado, sin una sola mancha, ni media raya, impecables como nunca los luciré yo... Al llegar a la esquina del dock se da vuelta bien puta y me sonríe. ¡Tenemos 17 años Miriam! Y cuántos hijos para criar nos esperan, cien, quienientos, mil... ¡Ya te tengo turca!

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