¡Washington Cucurto Exclusivo!
HASTA QUITARLE PANAMA A LOS YANQUIS
novela por entregas semanal

Buscando a Margarita
Hice de todo para conseguir el domingo franco y se lo tuve que cambiar a Soruco por varias horas semanales de reponerle su góndola. Asi pasé de la liviana a la pesada, de armar y combinar colores de verduras a tirar papas y romper bolsas arpilleras de zanahorias de... de La Pampa..., de ahí vienen todas las zanahorias del mundo, a veces pienso que La Pampa es una zanahoria gigante produciendo zanahoritas día y noche. ¡Yo soy un artista de la combinación clorofilítica de las verduras! ¡Soy lo único
 
artístico que hay en este emputecido shopinesco Carrefour de porquerías! Un artista termina tirando papas y cortando culos de zanahorias por amor, para encontrarte a vos, Margarita, el sábado en la bailanta! Margarita de mi vida, espero no me mientas y te encuentre en el Bronco. Me compré unos zapatos en Shoes del Once y un jeans nuevo Rica Lewis. Me compré una maquinita de afeitar con suavizante. Y un paquete de Axe Marine, desodorante de los bailanteros. Trabajé, trabajé, trabajé. Quería llegar al sabado en la mejor forma.

¡Al fin llegó el gran día! Salgo a la calle y qué veo, che mundo, bancame en mi alegría, nada puede seguir como está. Para empezar, los taxis los vuelvo rosaditos con el techo blanco con delicadas estrellas verde pastel. Donde antes hubo semáforos que haya jacarandás. Música en todos los locales de Constitución. Mundo, bancame en mi alegría, nada puede seguir igual, porque este sábado es el día de mi margarinesco enlazamiento marital, es la noche en que florece de todos los colores mi enamoramiento por ella. ¡Al fin el sábado de mi vida que se destacaba entre tantos sábados vividos y por vivir: el día de la noche en que cumbeantería juntito a Margarita! Mi felicidad es total.

Salgo del supermercado a las dos de la tarde y me voy corriendo a preparar todo. Duermo un par de horas, me levanto me afeito. Son las siete de la tarde, me visto y salgo, camino por Consti miro tickis, me excito nuevamente. Otra vez me sale el indio bravo, el indio malcríado y maleducado que hay en mí, y comienzo con la enfermedad, la fiebre, el cáncer invisible que llevo en la sangre de seguir tickisitas por las calles de tienditas relucientes del Super Consti. ¡Ñandecó! ¡Poraitepe! ¡Corecó, Panambí dulce y sabroso! No hay caso a ninguna consigo arrimarle el bochín. Al final voy a morir a charlar un poquito y a pedir una rebajita con una dominicana parada en la puerta del telo de Santiago del Estero y Pavón. Charlamos lindo chico, linda mulata. Giladas. Y me dice si quiero ir al frente y me marca una casa abandonada, un cuchitril tilingunesco de quinta, un rancho que se cae solo, que con simple vientito sobra para que sean chapas dadas vuelta en el piso. Adentro hacemos de todo me dice. Ella es Ondina, la peluquera que atiende esa peluquería me dice mas. Miro la peluquería llena de negras/os dominicanos bailando y volcando cerveza. La bachata con todo. Las bocas coloradas abriéndose desde el alma, grandes interpretes suenan. Jose Alberto El Canario. Nos cruzamos con mi amiguita de la calle y me presenta a sus amigas y amigos de su tierra. Santo Domingo. NO, nadie es de Santo Domingo, todos son del campo en especial San Juan de Maguana.

Pasamos a un pasillo y entramos en el conventillo lleno de negras como un prostíbulo, un tropicana consti, una singadera fenomenal maneja por una preciosa negra dominicana. Carmen. Carmen. Quien me recibe con sus grandes manos abiertas, sus labios divinos, su cuerpo escultural y me da un beso en la boca. Ay, qué se me cae la bombacha, Megali, y este bombonacho donde lo sacaste, de una bachata dominicana. Principe de bachata dominicana. ¿Será todo un bure del diablo? ¿Me terminaran afanando todo? Sigo, de esta no me bajo por nada del mundo y sigo saludando, besito piquito y abrazo y hasta un aplauso perdido de la noche anterior. Voy desfilando de teta en teta de mejilla en mejilla y espero que pronto de culo en culo. Idalina, Francisca, Rosalina, Yuli, Yulisita, me iba presentado a todas las putas mulatas de aquel lugar escondido en el mundo. Este es mi amigo, argentino, les dice y yo muac, muac, mas abracito y sonrisas y aprieto un poco che. No quiero contrariarla pero me veo en la obli de decirle: No argentino, no. Paraguayo. grito. ¡Viva el Paraguay, grita una mulatita que sale de todas ellas desnudita, muy pequeña y linda, linda, la mas linda que vi en mi vida. Me quedo, chupo, gasto, paso con una y bailo con otra, descanso y paso con otra y bailo con la anterior. Y así hasta que se hacen las tres de la mañana y me acuerdo de Margarita. Chicas me tengo que ir, vuelvo otro dia. Chaumuac, chaumuac, y me rajo.

Corro por las calles frias de Constitución hacia el Bronco y me meto. Miro entre el guanerio bailarín hasta que encuentro a Margarita prendida de la boca de un morocho muy bien vestido, galanazo, me resigno, me voy a la barra y lloro. LLoro como nadie en el Bronco Bailable mientras la puta cumbia suena y suena como la melodía de mi corazon hecho pedazos. Ya me cansé de todo, tengo que abandonar la cumbia y ese puto Carrefour que me esta matando. Las putas terminaran inyectandome el virus, la peste (si ya no estoy apestado). Tengo que salir, escaparme, tengo que ver esa suave luz que ven los muertos dos segunditos antes de morir, esa lucecita que los evangelistas dicen es el alma de Dios. Maldita maldición, por qué esa luz no está hecha para mí. Las unicas luces que veo son las manchadas con cigarrillo y gotas, chorrones de cervezas heladas,las quilomberas e insoportables luces musicales del baile tropical que recien comienza. Y yo llorando, llorando como un niño, como si me hubiera cascado mi padre con su cinto, insultando a la puta de mi madre, en el centro de la pista, parado mientras todos los demas monstruos bailan y me miran. ¿Qué coños hace este curepí llorando en el diome de la pista?... Perdido estoy tickicita mía de mi alma, tengo un güeco en el corazón al verla a
 
Margarita bailar con otro. La bailanta, la cumbia, tiene una tristeza que te pela el corazon te echa lágrimas amargas te manda de un certero derechazo al fondo de las oscuras musicalidades del infierno. ¡La cumbia es la musica que hizo el diablo para exterminarnos!... Soy el unico negro infeliz que llora en el baile y llora en el supermercado. Lágrimas amargas y negras seco con la manga de mi camisa blanca con detallecitos amarillos de un as de espadas manchado con gotitas de sangre.


Contactos:
Washington Cucurto
Pablo Martín ilustraciones