
Un
corazón en llamas  |
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¡Basta
no me den mas bola! Que acá en el supermercado hay cosas
bellas. Y nada será mas bello que reponer en un supermercado.
Mirá esas niñas cortando fiambre, miren esos depostadores
de carne, tan toros y machos e hinchas toditos de San Lorenzo, cómo
siendo tan lindos pueden ser hinchas fanáticos de San Lorenzo.
Si son es porque saben. El único que no sabe nada soy yo,
yo soy un veleta, un perdido, un árabe en la Cordillera,
Hitler en el Once, un fisureitor. Vengan pasen a mi supermercado,
ven |
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estos grandes contenedores de madera, ¡llenos de manzanas!
Vamos a tirarnos a nadar un rato en manzanas de Cipoletti, quién
será el dueño de las manzañas Moño Azul
de este país. ¡Oh Changarín Musculo, las cortaste
vos? Pasen al dock no tengan miedo, pasen al maravilloso mundo del
supermercadismo mundial, todo es abundante, de la mejor calidad,
todo es regalado, vienen los alimentos de las quintas mas hermosas
del norte del país, Jujuy, Tucuman, Salta... Y para allá,
detrás de esa franja blanca, comienza el dock, prohibido
pasar a nadie que no sea del sector. Esta el imperioso sector de
electrodomésticos, miren esos televisores parecen cines,
miren esos lavarropas parecen mujeres perfectas, miren que increíbles
esos aparatos de música, parecen naves espaciales. ¡Este
el mundo de los parecidos y las apariencias! Parezcamos lo que no
somos y desaparezcamos en el ser!
De madrugada antes que todos vengan, podemos encender estos aparatos
modernos todos a la vez y poner la FM del Bronco y rompemos con
cumbia. ¡Olviden las penas y los compromisos, están
en un supermercado, la excelencia motriz de la aburrida vida de
la humanidad en el siglo XXI y. ¡Qué coños hacemos
tantos negritos entre las cosas mas caras! ¡Pos, eso es el
capitalismo cruel, esa es la década del 90, en un país
perdido en el sur de Sudamérica! Sudamérica termina
en Caracas, Venezuela, pa abajo no hay nada. ¿Y Chile? Chile
es una sucursal de Estados Unidos, gracias a Dios existe esa bendita
cordillera que nos separa. ¡Eso, güevon de mierda, hubieras
echo Patito, le hubieras vendido los tomates a los chilenos! Repongamos
ese palet lleno de bolsas de papas que mañana sale de ofertas,
llevemosla al medio del salón, vaciemos esa góndola
y en su lugar mandemos negras papas. Este es mi compañero
Adrián Frascarelli la persona mas disciplinada que conocí
en mi vida. Le encanta Silvio Rodriguez y alguna vez estudió
publicidad. Ahora es repositor estrella en el super. Yo nunca seré
repositor estrella, porque corrí por los pasillos con un
cuchillo a Domingo Gonzales... ¡Ya basta de nuestra incursión
en el super!, a no recordar mas cosas viejas como si nos hubiéramos
muerto. ¡Vamos a la bailanta!
Salgo a las 23 horas, la noche estrellada, nerudiana, pero mas que
nerudiana, Miriamlinda, Me enamoro de ella, de sus luces, cerca
del río, en Salguero, a la altura de Libertador, es una preciosura
subir a la terraza de esos rascacielos, pegar un saltito y agarrarlas
con una mano y guardarlas en los bolsillos, bajo los grandes árboles
me quedo mirándolas, explosivas, lujuriosas en el oscuro
cielo de la noche ribereña. Me pica la mano y la abro de
golpe y un montonazo de estrellitas salen volando como pájaritos
y se desintegran contra las ramas de los árboles y las antenas
de televisión; una o dos se salvan, rompen todos los obstaculos
del mundo moderno y van volando super alto hasta la cama, la piezucha
donde duerme mi amor bailantero. ¡Estrellas de mí,
despiertenlá ya, y diganlé que voy pal baile! ¡Ahí
la voy a ver aunque no la conozca!
El 130 no llega mas. No aguanto, meto la mano en el bolsillo, cuento
los billetes y lo poco que tengo separo: cinco mangos para el baile,
diez para dos birras. Y diez para el taxi, llego justo. Paro un
taxi y vuelo. El taxista me pregunta a dónde vamos. ¡A
casa, al super Bronco! Qué clase de tachero sos que no reconocés
al rey de la cumbia y dónde puede ir el rey de la cumbia
si no es a su palacio, el barrio de la sagrada Constitución!
Me encanta volar en taxi por Libertador, atravesar Retiro; salud
Torrecita de los ingleses, salud reloj rosado dando la hora, es
lo único que me saca la ansiedad de llegar al Bronco, me
acuerdo de la foto de Evita, en auto y atrás la Torre, dame
suerte Kavannagh, siempre pienso un día parar el taxi y sentarme
en plena madrugada, internarme por la plaza San Martin, pero siempre
me gana la desesperación de llegar rápido al baile.
Las grúas del Puerto, la casa Rosada, el parque Lezama, subimos
por Caseros y ya está la autopista. ¡Que linda sos
Buenos Aires, qué lindo recorrerte en taxi un viernes a las
doce de la noche! ¡Si me muriera lo unico que pediría
es una noche en taxi por Baires! Sentado en el asiento de atrás
fumando, es la felicidad de mi vida. Por caseros ya asoman unas
tickicitas pal baile, con sus polleritas a colores, sus risas sonsas
que son la música de mi vida. Tickicitas preciosas, suban
que las llevo. ¡Buenas noches, bailanteras de mi vida! ¡Las
veo adentro de la bailanta! Oh, y en la esquina qué veo,
Dios Diablo, la Autopista del Sur al costado la Basílica
de Sagrada Constitución y atrás aparece como una nave
espacial, un satélite que nos mandan los yanquis, las luces
increíbles del Bronco bailable. Escuchen qué ruido
aturdidor, escuchen esos tambores, esos bombos peronistas, es mi
corazón... Doblemos por Lima, le digo al tachero. Hasta acá
llego, me dice. Bueno, le digo, si sos miedoso, sos miedoso. Le
pago lo que marca el reloj. Bajo y respiro el aire suave de Constitucion.
A los metros me encuentro con una ticki bailantera, nos ponemos
a hablar, un poquito le digo una pavadita en guaraní. Entramos
juntos, pero hay tanta gente que la pierdo. Otra vez la libertad
total, otra vez el caudaloso y rosado mar del Callao... otra vez
el Malecón de la música, la transpiración y
el amor... Oh, pero a quien encuentro yo esta noche de calorcito
en Buenos Aires, si seré tarrudo, me gano el loto, el gordo
de navidad todo junto, aí viene caminando en un dos piernas
hacia mí, con los brazos en alto, llamándome Norberto,
Norbertito querido, mi niño mimado, el minimo xuxa, mi reyecito
de la hermana Republica del Paraguay. Me abraza y me besa en la
boca delante de todos. Y yo, eh, gueeey, aminorá que hay
Videlas acá. Mando mis prejuicios a la mierda, le doy un
beso chuponazo que le parto los labios. Ay, el amor, el amore, que
cosa increíble, bailemos, bailemos... Y me agarra de la mano
y salimos a la pista. Baile, baile, baile. Karla, Aceituna, Gilda,
karicia, Aventura, Luciernaga, Kalama Tropical, Los Prisioneros
del Amor, Malagata, Rafaga, Banda Dinamita, Katunga, Volcán,
Grupo Diversión, Los del Bohio, lo mejor de la cumbia santafesina
y seguimos girando y girando. Peluche, Los Mirlos, El Cuarteto Imperial.
Y corremos a la barra. ¿Las cinco, las seis, las siete de
la mañana? Sí, sí, cualquier hora es buena
porque estoy con el muchachito de mi corazón, el rey de la
bailanta, el ilegal para las leyes argentinas que mi corazón
y mi vida legalizan ya. ¿Vamos a desayunar a la Central?,
le digo, ya transpirados y cansados. Él, super cariñoso,
se me prende del cuello y me da un beso. ¡Salimos a la calle
a resfriarnos, a mojarnos, que la lluvia nos moje la cara, el traje,
los zapatos, los compac, la cumbia. Oh, pricipingo, quiero morirme
con vos debajo de la lluvia, empapémonos, bañemonos
y miremos el cielo y que vengan a nosotros, la gripe, la pulmonía,
morámonos de una pulmonía bajo el agua, vayamos afuera
ya, a mojarnos a resfriarnos hasta las tetas, oh, pricipingo de
mi alma, dulce azucena mojada por la lluvia, vamos afuera a caminar
debajo de la lluvia... Mira, mira esos misteriosos pétalos,
levantarse, mirarnos en medio de la Plaza Constitucion, miralos,
atentamente como se mira a una hormiga recorrer un largo sendero...
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Salimos
con mi Principingo, mi kuerareyecito del Chaco Paraguayo. ¡Felicidad
total! Las calles llenas de guainas y parejas peleándose por su
desparejidad o por amor o alcohol. Y sí íbamos y el niño
se cae de bruces, se desmaya y comienza a soltar espuma por la boca. Me
desespero, grito, no hay ambulancia. Que ambulancia puede haber en la
noche vacía y sin almas de Constitucion? Qué ambulancia,
qué médico y qué clinica como la gente puede haber
en este mundo del demonio, este sótano de ratas y piojos sin perdón
que grita a aullidos de dolor que se acabe todo, man, qué se hunda
todo en las aguas grises del mugroso océano Atlántico, que
no sé que bostas hace tan calmo, tan sin fuerza, y no nos tapa
de una buena vez. Y no sé que trolo carajo hacemos nosotros ensuciando
el aire, cagando el suelo, arruinando todo lo que se cruza por nuestra
pingüe existencia. Se me murió nomás el borrego como
en manos de desalmados unitarios, pero ni tan siquiera, en el grisoso
ánimo de un grupo de borrachines reventados. Qué destino
niño, mejor hubiera sido no haber nacido nunca, mejor hubiera sido
que te robarán una pareja de milicos, ay, paraguayito de mi corazón,
qué final dando vueltas por la calesita de fuego de la muerte...
En Sudamerica, en Buenos Aires morimos en la calle como perros, apagados
cual pasacassetes robados por un ladrón de la noche. La calle es
nuestra tumba, man, por eso nos emborrachan y nos meten cumbia hasta por
el culo pa acabar de una vez por todas con esta raza inferior que se procrea
y procrea sin parar. Pertenecemos a la plaga, a la parche peste putrefacta
que no se termina nunca. Somos subhumanos todos. La cumbia no es nuestra
música es el arma amable y dulce de nuestros exterminadores. Paraguayito
mío, te vas solo de la vida y nadie hace nada para impedirlo. Por
lo menos, compañero encontraste quien te acune en el momento final.
Los otros perros tambalean despacio con los acordeones de la cumbia sonandoles
en sus cerebros muertos. ¡Esto es un campo de exterminio! Tu cuerpo
se enfría y para ganarle al hielo, te estampo el ultimo beso en
la boca, un beso mojado y seco, qué locura! Mojados y secos. Te
apoyo sobre el filo de la puerta. En esas pasa una parejita, ella tiene
una rosa en la mano. Se la saco de un manotazo, perdon mi amor, y se la
apoyo a mi paraguayito en el pecho y me voy lagrimeando. Me doy vuelta
y veo que la zangana arranca la flor de su pecho. La cumbia no parará
nunca y ni que hablar de nosotros.

Alcohol y sexo, sexalcól, el mundo no existiría sin ellos.
El futuro, el pasado ni el progreso ni las grandes potencias existirían
sin sexo, sin alcohol, ¿qué vaso se toma el piloto antes
de lanzar la bomba? ¡Una Condorina bien helada, man! ¡Qué
se baja el loco que controla el satelite antes de lanzar un misil! ¡Una
Condorina super fría, man!. Sin el sexo no existe la vida, el sexo
es el futuro, el sexo arruina y justifica la vida, alcohólsex pa
este mundo que se incendia, sexo y alcohol son las bases de la humanidad.
Rebobino a mil los cables podridos de mi cabeza. ¡Ya esta! Soy de
nuevo joven, puedo cargar una góndola de papas de 300 kilos en
15 minutos. Puedo seguir a todas las siervas hasta el infinito. Acá
estoy con mi amigo Domingo Gonzales en las oficinas de Job Services, la
agencia de contratación eventual que me metió en el supermercadismo,
que me esclavizó a Carrefour. Mi memoria es rápida como
un tiro y ya estamos unos meses adelante en Carrefour, sucursal Salguero,
comiendo en la cámara de productos frescos. “Terminantemente
prohibido comer”. Comer es robarle a la empresa. Y acá viene
Domingo, mírenlo, escúchenlo matándose de la risa
entre las grandes pilas de cajones de La Serenísima, escuchen su
risa totalmente liberadora, atrevida, rebelde. La verdad láctea.
Calor infernal, hirviente. Techos de lata del dock del supermercado. Ahi
viene mi amigo y enemigo a la vez, Domingo Gonzales, hirviente e hilarante.
¡Hilaridad! ¡Hilaridad, hilamierdad del Carrefour Salguero!
Viene de la rotisería! ¿De donde mas? Y trae debajo de su
pechera una cantidad irresistible de supremas de pollo canjeadas por bolsitas
de kinotos y frutillas. Escuchamos su risa y dejamos de acomodar el dock.
Como un batallón cubrimos nuestros puestos. Tyson y Patito van
a campanear a las puertas de acceso al dock. Chorizo abre la puerta de
la camara de la verdulería, y ya está Soruco adentro haciendo
un escondite donde guardar el preciado tesoro. Yo entro detrás
de Domingo. Salta y se mata de la risa. Se frota las manos como una gigantesca
mosca verde y nos dice: ¡ji, ji, ji, lechuguita, tomate, salamines!
Todos corremos a buscar esos ingredientes del manjar inolvidable. Tyson
chico hace campana en la puerta de la cámara. Y comemos supremas
con jamon queso, tomate... Los signos suspensivos suspenden... qué
sirva paalgo la grámática por lo menos acá, ahora,
en Carrefour... los puntitos silencian el ruido de nuestras mandibulas,
el crack, crack,crack, del pan flauta destrozandose en nuestros dientes...
aparecen los puntitos y el silencio... es total... nadie vio ni escuchó
nada... sil... s... Nos turnamos y comemos todos... Domingo sale y nos
dice: Tiren todo, no dejen
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